¿Cuánto tiempo llevamos oyendo que el mundo del vino debe rejuvenecerse, dejar la caspa y el encorsetamiento y variar las estrategias de comunicación para hacerlo atractivo y accesible a las nuevas generaciones? ¿Un siglo y medio? Sin embargo, la menda acaba yendo a las mismas catas de vino académicas, técnicas… y aburridas. Esas catas se suelen hacer para periodistas especializados y, por tanto, conocedores de la terminología y la forma de hablar propias de un entendido, de acuerdo. Pero lo que ocurre es que se replica ese lenguaje en los medios que acabarán leyendo, por descarte, consumidores igual de entendidos. ¿Milenials y generación Z neófitos? Out.

Por suerte hay gente que se ha dado cuenta y está haciendo las cosas de otra forma. Si hace unos días esta cata de jerez hizo un pleno de público joven y moderni, ahora ha sido la gente de Estones – Vins de Mas Sersal quien ha convocado una cata vertical de lo más amena y entretenida: Estones de Mishima.

Estones de Mishima: una cata con concierto o un concierto con vino

El contexto para los no catalanes es el siguiente: Mishima es uno de los grupos de rock indie catalán más emblemáticos y conocidos. Su frontman, David Carabén, forma parte del star-system catalán de la intelectualidad cool. Hace 10 años empezó a colaborar con Sergi Montalà, uno de los fundadores de la bodega Estones – Vins de Mas Sersal para elaborar un vino conjunto, el Set tota la Vida (Sed toda la vida). No fue una colaboración de esas de famosete poniendo el jeto y el nombre; Carabén y la banda se implicaron en todo el proceso para aprender de Montalà y de su socio, Salvi Moliner sobre cómo hacer vino. El propio David Carabén aseguró que “todo lo que hacemos como Mishima tiene sentido por sí mismo: las portadas del disco, el merchandising… y el vino no iba a ser menos. Si hacíamos vino, teníamos que estar implicados de verdad”. Esta colaboración empezó como casi todo lo bueno de la vida; como una casualidad y un juego. Diez años más tarde, Set Tota la Vida es un vino que sigue sacando añadas con toda la esencia de la DO Montsant (que por cierto, cumple este 2022 veinte años de existencia en muy buena forma).

Mishima llegó, cantó y bebió. XAVI TORRENT

Organizada como una cata vertical (es decir, el mismo vino pero de diferentes años), Estones de Mishima se celebró en la Llibreria Ona de Barcelona y fue completamente diferente a lo que se suele hacer en estos casos:

  1. Era una cata-concierto. Vale, eso lo habrás deducido cuando te he dicho que Mishima es un grupo de indie-rock catalán. En formato íntimo y acústico, entre vino y vino tocaron algunos temas suyos que, ¡oh, sorpresa! tienen mucho que ver con momentos en los que se tiene una copa de vino en la mano.
  2. Cada añada la probó y la comentó una persona diferente. Y no todas estas personas eran entendidas. Sergi y Salvi se lo pidieron a varios amigos y amigas del sector pero también gente que “no sabía de vinos”. De esta forma, expertos como el periodista Ramon Roset,  los sumillers Clara Antúnez, Marta Clot, Xavi Ayala y Ton Colet, la directora general de l’Institut de la Vinya i del Vi Alba Balcells o los enólogos Joan Asens y Carles Escolar aportaban datos interesantes sobre la añada, los aromas, las texturas y el retrogusto. Pero también dieron su opinión sobre el vino gente absolutamente exógena a él, como el poeta y escritor Jordi Llavina o la joven influencer catalana (aunque seguro que odia esta palabra) Juliana Canet. Ahí es donde vemos cómo cata el vino la gente que no sabe de vinos: qué le emociona, qué le remueve, qué le recuerda.
  3. Acabó conviritiéndose en una charla entre (muchos) amigos. Cuando involucras a la gente, el diálogo siempre llega. Y el diálogo es una muy buena fórmula para asentar conceptos y reflexionar sobre los propios puntos de vista. Por ejemplo, a mí que me cuesta retener conceptos organolépticos cuando cato vino, esta vez conseguí apreciar mejor aromas y sabores gracias al intercambio de conocimiento y sensaciones.
  4. Como bonus extra, las personas encargadas de ir llenando las copas provenían de la Fundació Prodis para la reinserción de gente con discapacidad intelectual, trastorno mental o parálisis cerebral. Bravo.

Salvi Moliner, Sergi Montalà y David Caraben han creado un vino que sabe bien y suena mejor. XAVI TORRENT

Obviamente, la cata Estones de Mishima no es un formato en sí mismo y tampoco muy replicable, a menos que como bodega cuentes con un amigo estrella del rock. Pero sí que invita a repensar las catas con otras estrategias. Aquí se ha usado la música como manifestación cultural (el vino también es cultura) pero hay otras disciplinas que pueden establecer vínculos con el mundo del vino: literatura, poesía, performances, ciencia, videojuegos, animación… qué sé yo. Y también es saludable dar voz a las personas que no saben de vino pero que conectan con la experiencia de beberlo, ya que hacen de vínculo entre conocimientos y disfrute. En definitiva, se impone darle al thinking y plantear nuevas fórmulas que le quiten un poquito de caspa a la cata de vinos. Porque la generación X y los boomers, amigos y amigas bodegueros, cada vez vamos a beber menos. Y alguien tendrá que pimplarse el vino que estáis haciendo.

Set Tota la Vida está elaborado con Garnacha y Cariñena, las uvas del territorio por excelencia, y a partir de la tercera añada se incorporó la Syrah. Su primera añada, pese a no ser concebido como un vino para envejecer en botella, ha aguantado y mantenido muy bien la estructura. La evolución de este vino es buena y coherente: las añadas jóvenes muestran la frescura y los aromas de frutas silvestres y son muy divertidos. Perfectos para tomar con la música de Mishima de fondo. O con la que te de la gana.