En un tiempo complejo y sofisticado como el que vivimos, donde los ritmos de la vida lo marcan las alarmas del móvil y no los ciclos del día, nos hemos acostumbrado a huir a la mínima ocasión buscando, aunque sea durante unas horas, un fin de semana o unas vacaciones, paisajes o momentos que nos relajen, nos transmitan paz y nos reconecten con nuestro yo más auténtico. Y no te preocupes, no es que me haya poseído el espíritu de Pablo Coelho. Tampoco he sucumbido a la enésima aplicación que te ayuda a meditar y respirar con sonidos de olas y gaviotas de fondo. Pero es que, jolín, acabamos de volver de las vacaciones y ya parece que se nos ha olvidado que hay otras formas de tomarse la vida.

Así que hoy te animo a que vuelvas a recordarlas ofreciéndote un plan de enoturismo muy apetecible. Un plan que incluye algunas de las cosas que a mí, particularmente, más me gustan en el mundo: paisajes privilegiados, vínculo con la tierra, piedras con historia y vino, buen vino. ¿Qué tal una escapada a la Bodega Rioja Vega para sentirse protagonista de un capítulo de los Bridgerton en versión española?

Podrías ser tu. RIOJA VEGA

No sabemos si Felipe Ugalde tendría la apostura de un duque, pero sí que debería ser un tipo intrépido y carismático si en 1882 fue tan audaz como para aplicar todo lo que había aprendido de los enólogos franceses en un proyecto innovador de bodega. Y eso que por aquel entonces no existía la Denominación de Origen Rioja. Este visionario diseñó Rioja Vera en Haro y hoy, 140 años después, su espíritu sigue más vigente que nunca en un château de película (o de una serie de época de Netflix)  inmerso en un paraje de nombre insigne: La venta de Jalón,  a 10 km de Logroño y rodeado de 70 hectáreas de garnacha, tempranillo y graciano. ¡70 hectáreas! Visitarlo es un viaje en el tiempo que gravita hacia adelante y hacia atrás, hacia la tradición y la innovación, hacia el pasado y el futuro.

Una visita a Rioja Vega

No voy a ponerme tan trascendental como para decir que una visita a Rioja Vega es una cura para el alma, pero te aseguro que volverás más ligero que cuando llegaste. Y es que, entender lo que hay en la copa y apreciarlo no es solo una cuestión de paladar o conocimiento. Porque cada sorbo de un buen vino expresa muchísimas cosas, y quizás las más importantes son las que nadie nos explica. Si el señor Ugalde levantara la cabeza, seguro que sonreiría complacido tras su monóculo al ver que el sueño que inició sigue fiel a su espíritu: una bodega que elabora vinos de calidad, respetuosos con la tradición y que reflejan el terruño en cada botella. Y también pensaría que sus descendientes han hecho un buen trabajo no sucumbiendo a las presiones de las prisas y las fórmulas sencillas. 

Rioja Vega ed. limitada 2018 y Rioja Vega Col. Tempranillo Blanco 2021: dos vinazos. RIOJA VEGA

Ahora que llega la vendimia y se inicia un nuevo ciclo, es un momento ideal para planear una visita a Rioja Vega y catar un vino en su propia casa, en su propio universo, con todos los sentidos puestos tanto en su explicación como en las sensaciones que provoca. Esta bodega centenaria elabora dos líneas enológicas; una clásica con vinos de corte moderno que han sentado las bases del estilo de Rioja Vega y que se han convertido en un emblema de la bodega, y una línea que apuesta por la modernidad rescatando variedades autóctonas (como la garnacha blanca) y arriesgando para descubrir todas las aristas del viñedo. Disfrutarás de las dos, créeme.

Así que el mejor plan para esta rentrée te está esperando en Rioja. Podrás elegir entre Descubre el corazón de Rioja Vega, que incluye visita guiada y cata comentada por 18€, Un regalo para los sentidos,  con visita guiada, cata comentada y almuerzo por 25€ o Pura esencia riojana, que además de la visita y la cata, ofrece comida en el restaurante de la bodega por 50€. Tan fácil como entrar en su web y reservar. ¿Con cuál te quedas?