¿Te imaginas que cada vez que Rosalía fuera entrevistada por haber ganado un Grammy tuviera que justificar que no se lo han dado por ser mujer? Cuando Selba Kers ganó el premio nacional Diplomático World Tournament en 2017, constantemente planeaba su condición de mujer como algo a remarcar; pero no sólo por lo excepcional del asunto –que lo fue–, sino incluso por las insinuaciones de discriminación positiva mal entendida. Para Selba, la igualdad será real cuando “no nos sorprenda que un hito sea alcanzado por una mujer”. Como ese día aún no ha llegado, hoy vamos a hablar de mujeres, concretamente de las que trabajan en dos mundos eminentemente machistas como lo son el del vino y el del bar. Mundos supuestamente de hombres donde ser mujer está penalizado porque, voy a decirlo claro: hay machismo en el mundo del vino y los bares.

Por supuesto el sexismo se da en todas las parcelas del sistema patriarcal en que vivimos. No voy a empezar un alegato feminista sin más, ni a discutir con personas de mentalidad obtusa sobre la vigencia o no del feminismo a ultranza que profeso. Pero sí hablaré de dos sectores donde la triste realidad es que el machismo es aún más evidente y, lo peor, donde se sigue negando esta realidad. 

Los motivos del machismo en el mundo del vino y del bar son muchos pero hay alguien que los ha estado rastreando. Vinka Danitza, una mujer sobradamente preparada en el sector vinícola –WSET 3, Master of Science in Wine Tourism y futura doctora en Turismo Sostenible,  además de haber trabajado en diversas bodegas en varios países del mundo–, publicó hace poco un artículo donde reflexionaba y denunciaba el machismo imperante en el vino. Como era de esperar, no sólo recibió apoyos, también reacciones negacionistas. “¿El mundo del vino machista? ¿Con la de mujeres sumilleres que hay?”. Incluso reputados periodistas del sector reaccionaron con un ataque de corporativismo y patriotismo machista sintiendo atacado el stablishment supuestamente female-friendly español.

Pues sí, el mundo del vino es machista. Incluso ateniéndonos sólo a los números. Por ejemplo, en la última lista de Planeta Vino de Proensa, sólo encontramos a 12 mujeres entre 100 creadores de vino español. Y en Estados Unidos, menos del 20% de las mujeres son propietarias de las bodegas existentes.

Las mujeres están infrarrepresentadas en casi todos los roles: en el campo, en la bodega, en la restauración, en ventas… Sólo encontramos cierto equilibro en el sector del enoturismo, que es más nuevo e imaginativo. Los números son la parte visible de una realidad mucho más profunda y siniestra como la brecha salarial, la discriminación por el hecho de tener hijos o la falta de promoción, pero también los comentarios sexistas, las conductas abiertamente machistas y la minimización de los logros conseguidos al que se enfrentan a diario miles de mujeres. 

Los motivos del sexismo profundo del mundo del vino y del bar

Vinka brinda por el fin del machismo. VINKA DANITZA

“El mundo del vino es machista por varias razones”, nos explica Vinka. Y sigue: “La primera es que es un sector agrícola. Hasta hace poco las mujeres no podían poseer tierras o hectáreas de viñedos, sólo se pasaban a los hombres de la familia. Esto está cambiando, ahora hay mujeres propietarias de tierras y de bodegas, o encargadas, pero lo cierto es que  la estructura tradicional no ha ayudado mucho en este aspecto”.

La segunda razón también es, obviamente, social.  “El mundo del vino ha estado en general dominado por gente [hombres] de clase alta, y la élite no se caracteriza por preocuparse de los problemas de los colectivos más desfavorecidos, sean mujeres, la clase trabajadora…”, cuenta Vinka. Y añade que tampoco la historia de países como España, Portugal o Chile, donde han habido reformas agrarias durante dictaduras “ha ayudado precisamente a que las mujeres avancen en este sector”. 

Y qué decir del mundo del bar. Por muy moderno que se perciba hoy en día, lo cierto es que hasta hace dos días la mujer no tenía permitido pisarlo. Mucho menos beber o emborracharse. El bar ha sido feudo de hombres mientras las mujeres estaban en casa haciendo la cena y eso ha conformado una mentalidad que inconscientemente pervive en nuestro ADN. 

La normalización del machismo en el mundo del vino y del bar

Hace relativamente poco The New York Times sacaba a la luz el escándalo sexual que rodeaba al certamen de Master Sommeliers de Estados Unidos, donde 21 mujeres declararon haber sido  acosadas, manipuladas o agredidas sexualmente por master sommeliers masculinos.

Ante algo así, no se puede mirar hacia otro lado o al menos no se debería. Pero lo cierto es que, como dice Vinka, “hablar de machismo, de sexismo benevolente o de conductas sexistas es algo que incomoda y se elude”. Y es que parece que sólo se habla de machismo cuando se reportan los abusos y los casos graves como si fueran hechos aislados, pero lo cierto es que el machismo está enquistado y se perpetra cada día y de una forma tan constante que se ha llegado a normalizar.

Los chistes de mal gusto, los comentarios groseros, las actitudes molestas son el pan de cada día para muchas mujeres que trabajan en el mundo del vino o detrás de una barra. “Trabajo en el mundo del vino y me gustaría no tener que aguantar comentarios feos, groseros y chistes cuando voy a una cata”, declara Vinka.

“A muchas mujeres les pasa lo mismo. Al final tienes que aguantar tantas cosas que llega un punto que puede ser que explotes”, continúa Vinka y explica que ponerle freno es difícil: “No lo tenemos fácil para decir ‘esto no me ha gustado’ o ‘este comentario es sexista’. La mayoría de las veces se nos acusa de ser demasiado sensibles o exageradas, de que no tenemos sentido del humor para entender un chiste. Se minimizan este tipo de comentarios en este sentido. Este abuso verbal puede causar tanto daño como el abuso físico. Los comentarios, las actitudes… todas estas cosas se acumulan, y hacen que al final muchas mujeres renuncien a su profesión o tiren la toalla”.

Lidiar con comentarios y chistes mina la confianza y la seguridad de cualquier mujer, por muy fuerte que sea emocionalmente. A eso debemos añadirle prácticas reiteradas como minusvalorar el trabajo o los logros de una mujer o ignorar sistemáticamente sus opiniones. También es frustrante constatar que somos víctimas de injusticias reiteradas como una no renovación de contrato en un restaurante por quedarte embarazada o no ser promocionada por ser madre y considerarse que este hecho va a afectar tu productividad. Todo esto no son percepciones, son realidades explicadas por mujeres con nombres y apellidos.

Machismo en el mundo del vino y los bares

También podría ganar un premio patinando. SELBA KERS

“Cuando una mujer opina o muestra carácter, hay más juicio. Mis opiniones profesionales constantemente eran tomadas menos en cuenta y eso genera mucha frustración”, cuenta Selba Kers, que hasta hace relativamente poco se ganaba la vida como bartender freelance y hoy ha cambiado radicalmente de profesión y de sector. En su decisión no ha sido definitivo pero sí ha pesado la constatación de que “en mi nuevo trabajo mi potencial ha tenido mucho más espacio para desarrollarse, me han valorado promocionándome ya dos veces y me he dado cuenta de que no quiero trabajar nunca más en el mundo del bar”.

“Conozco muchas enólogas que cuando van al campo, deben aguantar cómo los hombres mayores que trabajan allí se dirigen a sus empleados y no a ellas directamente”, añade Vinka. “Es cierto que una parte es generacional, pero también hay que ponerse en la piel de esas mujeres, que están hartas de repetir que son ellas las que toman las decisiones, las dueñas de las tierras, las expertas en el campo o las responsables de la bodega. Todo esto genera muchísima frustración”. 

Doble rasero

Un hombre no suele tener que examinar su comportamiento con lupa cada vez que hace su trabajo por temor a que pueda ser considerado inapropiado o, al revés, para ser tenido en cuenta. Si eres mujer, la cosa cambia.

“Cuando era bartender notaba que se me penalizaba si mostraba seguridad detrás de la barra”, explica Selba Kers, que prosigue: “Por supuesto, como bartender mi trabajo consiste en dar un buen servicio, pero así como un hombre puede ser seco o distante y eso se considera profesional, a una mujer se le presupone más sumisión, sonreír más, ser exageradamente simpática. Si no, directamente se nos considera bordes y se nos llama la atención”.

Vinka Danitza pone como ejemplo el rol de sumiller: “Los sumilleres hombres ocupan el espacio, se relacionan entre ellos y hablan alto y fuerte, haciéndose notar. Cuando se juntan, entran en una especie de competición para demostrar sus capacidades. Y eso se celebra en el caso de ser un hombre. Si eres mujer, debes hablar el doble de alto para conseguir ser tomada en cuenta. Y si lo haces, se te mira mal; se da por supuesto que la mujer no debería presumir de sus habilidades y que su comportamiento debe ser más callado y sosegado”. 

Por supuesto, la profesionalidad de un hombre no se cuestiona si su comportamiento no es del todo adecuado. “En España ha salido a la luz que algún sumiller no se ha comportado éticamente, pero eso no le afecta a su reputación profesional, sigue siendo considerado un crack en lo suyo y no pasa nada. Se considera que su comportamiento es algo de la esfera personal y no tiene por qué ser relevante en lo profesional, seguirá recibiendo ofertas de trabajo y puestos de responsabilidad. En cambio, si una mujer tuviera un comportamiento inadecuado le pasaría factura laboralmente de forma inmediata”, denuncia Vinka . 

Incluso siendo víctima, el hecho de denunciar comporta en muchas ocasiones consecuencias negativas. El miedo a perder el trabajo es uno de los principales motivos por el que muchas mujeres no se atreven a plantar cara. “Tal y como está todo ahora mismo el riesgo es grande. Muchas mujeres están en una situación delicada y no se pueden permitir perder su trabajo”, explica Vinka Danitza. 

¿Podemos cambiar las cosas?

¿Por qué no te callas?. KRISTINA FLOUR / UNSPLASH

Denunciar, alzar la voz, acallar los comentarios. Parece fácil pero la realidad es muy diferente.

“Sería un poco irresponsable por mi parte decir a las mujeres que deben alzar la voz sea como sea, porque por desgracia no siempre una se puede permitir ser beligerante”, admite Vinka.

Desde luego, si creemos que existe la confianza y la profesionalidad necesaria, se puede tratar de explicar de forma educada y tranquila que existen comportamientos que no nos gustan. Aún así, no siempre funciona. “Tengo amigas en bodegas que fueron a recursos humanos para denunciar comportamientos y chistes ofensivos y no sólo no recibieron ayuda sino que incluso empezaron a sufrir bullying”, explica Vinka. 

Entonces, ¿qué nos queda? Las mujeres que se dedican al vino aman su profesión igual que los hombres, así que no vale eso que le dijeron una vez a Vinka de “si no te gusta el mundo del vino, cambia de sector”. No, nos vamos a ir. “¿Por qué debe ser la mujer la que se vaya? Se tiene que respetar y valorar nuestro trabajo”, se lamenta Vinka. 

Para cambiar las cosas, hay que crear conciencia. Con artículos como éste, sí, eso espero, pero además con muchas otras acciones.

“Esa conciencia no sólo debe venir de los medios, también de las instituciones, de las universidades, de los centros de enseñanza, de las DO, de las instituciones del vino… Deben hacerse campañas de concienciación para la igualdad de género y de frenar el sexismo”, exige Vinka.

Asociarse y buscar apoyos mutuos es otra buena forma de empezar a cambiar las cosas. “Las asociaciones de promoción de la mujer en el vino están muy bien, pero no sólo deberían ser de promoción, también de apoyo Las mujeres debemos crear redes de apoyo entre nosotras, darnos confianza, encontrar un lugar donde hablar, herramientas e incluso asesoramiento legal si hace falta”, afirma Vinka.

El sector del vino, endogámico como es, referencia siempre a los mismos hombres una y otra vez en sus propios medios, en las entrevistas y en otros canales de difusión. “No se pone en valor el trabajo de muchas mujeres en puestos de responsabilidad. Y eso puede tener consecuencias nefastas, como disuadir a mujeres jóvenes a adentrarse en este fascinante mundo porque ven que los reconocimientos, los premios, las entrevistas, los puestos de responsabilidad siempre están copados por los mismos hombres”, expone Vinka.

Y aquí volvemos al principio. Selba ganó un premio y su condición de mujer acabó siendo el tema principal. Ella, que tuvo que aguantar  cómo el dueño de un bar en el que trabajó le tocaba el culo, que en una entrevista de trabajo para bartender la descartaron por ser mujer pero le ofrecieron servir en la sala “porque las mujeres son más guapas y dan más imagen”, que fue reprendida por llevar algo tan poco favorecedor como una camisa para ir a trabajar, “en vez de algo más femenino”, se pregunta si algún día el hecho de ser mujer u hombre será simplemente anecdótico. Pero ella misma sabe la respuesta: ólo cuando estemos en igualdad de condiciones. Y para eso aún queda mucho camino por recorrer y muchas mujeres valientes como ella o Vinka para sacar la incómoda verdad a la luz. 

 


GUÍA PRÁCTICA DE RESPUESTAS RÁPIDAS A COMENTARIOS MACHISTAS

Vinka Danitza 

No te quedes en blanco. VOLODYMYR HRYSCHENKO / UNSPLASH

Lo ideal sería ser seca y directa y señalar que ese comentario es inapropiado. Pero para que no se diga que no tienes sentido del humor, aquí te dejamos algunas frases de vuelta a situaciones cotidianas machistas que suceden en el mundo del vino. 

Es la primera vez que estoy en una reunión de mujeres y no se pelean, ¡felicidades!

Gracias, hoy nos tomamos un descanso de las guerras mundiales y genocidas que las mujeres solemos empezar.

Este vino es muy femenino

¿Qué es un vino femenino? Explícamelo porque no sé lo que es un vino femenino.  Y de paso explícame también qué es un vino masculino, un vino gay, un vino negro y un vino chino.

Nueva ronda. Llena tú las copas, anda.

Opción 1: No, yo te veo muy capaz para hacerlo tú mismo. Te espero aquí.

Opción 2:  Sí, lo haré tan pronto como tú saques la basura y friegues las copas.

Las mujeres sois más de blancos

Si, y de tintos y rosados. Es más, las mujeres representan el 55% de los consumidores de vino. Así que, por favor, tráeme un tinto.

Yo llevo las cajas, que te vas a hacer daño, mujer…

Ay que caballero que eres, muchas gracias. Pero la verdad es que no te veo tan fuerte últimamente. ¿Estás bien o un poco constipado? ¿Vas a volver a entrenar?