Lo bueno de que tu marido sea el autor de la novedad editorial sobre vinos más interesante de los últimos años es ser la primera en entrevistarlo. ¡Primicia, primicia! Jordi Luque es co-fundador de BEBER Magazine, periodista especializado en gastronomía sólida y líquida (colaborador en medios como El Comidista, Guía Repsol, Catalunya Ràdio y este magazine que tanto te gusta y que estás leyendo), tiene el WSET 2 y cursa actualmente el WSET3 y acaba de publicar con Planeta Gastro Vinos Libres, un interesantísimo recorrido por las peculiaridades de los vinos artesanos de España que sale a la venta el próximo 7 de septiembre.

Hoy nos explica con detalle de qué va el libro y te aseguro que en cuanto leas la entrevista correrás a pre-comprarlo.


¿Por qué vinos libres? ¿Cuál es el motivo de llamarlos así?

Los vinos de los que hablo han sido elaborados por gente libre, libre de mente, nada adocenados y en algún caso incluso algo chalados. Gente adorable, claro. El caso es que esta forma de estar en el mundo se transmite al vino.

En el libro, uno de los protagonistas, Joan València, propietario de la distribuidora Cuvée 3000, dice: “Lo que me interesa de un vino es que su productor tenga una filosofía. Más que haga vino natural, que quiera contar algo: una expresión del territorio, de sí mismo; me interesa la gente que hace vino para reflejarse en él”. Coincido con él en el interés por los vinos elaborados para contar alguna cosa, que quieren reflejar la personalidad de quien los hace, que tienen la pretensión de ir más allá del me gusta o no me gusta. Aunque estoy muy a favor de que la gente beba solo para disfrutar, que no es poco.

Por otro lado creo que la mayoría de vinos que están a nuestro alcance son esclavos de algo. Del mercado, de estrategias comerciales, de una forma muy intervencionista de entender la enología… así son la mayoría de productos de consumo. Estas esclavitudes, desde mi punto de vista, roban el alma al vino. Afortunadamente, frente a ellas está la artesanía. Los vinos libres son vinos artesanos, con los defectos que tienen las cosas hechas a mano pero sin el mortal defecto de la monotonía y el aburrimiento infinito.

¿Cómo surgió la idea de escribir Vinos Libres?

Pues de una forma muy baladí. Surgió después de visitar a Joan Ramón Escoda en su bodega de la Conca de Barberà, Escoda-Sanahuja. Me impactó su forma de ser. Es uno de esos chalados de los que te hablaba antes. Pensé que sería interesante contar esta forma de entender la vida y el vino. O la vida a través del vino, vamos.

¿Es un libro de recomendaciones? ¿O hay más cosas?

Cada capítulo es una historia personal que ayudan a ir mucho más allá del vino como líquido. JORDI LUQUE

Hay muchas más cosas, afortunadamente. En realidad es un libro centrado en las historias de personas que hacen vino. Pero esas historias explican cosas no tienen nada que ver con el líquido en sí mismo.

Por ejemplo, la historia de los Molla, una familia que lleva más de setecientos años cultivando las mismas tierras, me sirve para exponer porqué las Denominaciones de Origen necesitan replantearse. La visita a Esmeralda García, viticultora en Valladolid, ilustra cómo las bodegas industriales han prostituido las variedades hasta el punto que verdejos como los de Esmeralda, que vienen de plantas bicentenarias y son una de las expresiones más puras de esta uva, no se reconocen como tal. Por poner otro ejemplo, la historia de Laura Lorenzo narra el impacto positivo de una actividad agrícola como la viticultura en un pueblo remoto, de lo que llamamos la España vaciada. Son historias muy ricas y gente muy valiente. Pero bueno, sí, además recomiendo 50 vinos.

¿Cómo se estructura?

Abre el libro un magnífico prólogo escrito por Clara Isamat, lo que me hace muchísima ilusión, porque Vinos Libres tiene la quizás demasiado ambiciosa intención de continuar su maravilloso Raíces del vino natural, un año de viña.

La espina dorsal del libro son las diez historias de las que hemos hablado. Ahí está el meollo, pero en ese meollo intercalo diez secciones de una carta de vinos imaginaria. En esta supuesta carta, los vinos no están indexados por zonas ni variedades porque la gente no tiene por qué saber guiarse por estos parámetros, sino bajo epígrafes como “blancos con chicha” o “tintos de fresqueo” –no puedo negar que soy de la escuela de Colectivo Decantado– que son descripciones mucho más claras para el 99% de los seres humanos.

Como colofón hay un diccionario de los pocos términos vínicos un tanto técnicos que aparecen durante el libro, prometo que lo he intentado escribir sin emplear el lenguaje jeroglífico  –tampoco puedo negar que soy de la escuela de El Comidista–.

¿A quién va dirigido Vinos Libres?

Lo puede leer cualquiera que esté interesado en vinos artesanos. Desde sumilleres, a los que quizá descubra alguna referencia o les aporte algún detalle sobre los protagonistas del libro, hasta personas que, simplemente, quieren descubrir vinos que se salgan del sota, caballo, rey de los señoros.

He intentado usar un lenguaje alejado del elitismo que se asocia habitualmente, y en muchos casos con toda la razón del mundo, con el periodismo vínico.

La fotos tienen gran importancia. ¿Qué cuentan las fotos que no cuente el libro?

Las fotos de Xavier Torres-Bachetta  también hablan, no solo el texto. JORDI LUQUE

Mucho. Sobre todo porque las ha disparado Xavier Torres-Bachetta, que es uno de los mejores retratistas de este país. La mirada de Xavi suma una capa importantísima a la narración porque tiene mucha sensibilidad para capturar detalles que a mí se me escapan. Cuando fotografía a los protagonistas, por ejemplo, creo que logra transmitir su personalidad. Hay vinateras más idas de la olla y otras más centradas y las fotografías de Xavi siempre lo captan.

También quería hacer hincapié en el diseño gráfico, a cargo de Anna Blanco Cusó, que es directora de arte de Panenka. Anna ha logrado transmitir muy bien de qué va el libro. Yo creo que los tres hemos hecho un buen equipo.

¿Qué has aprendido tú tras la experiencia de Vinos Libres?

Un cúmulo de cosas que me resulta imposible explicar. Ha sido una experiencia transformadora. Un viaje interior y muy exterior, también: Xavi y yo hemos recorrido más de 6.000 kilómetros por España.

Casi todas la personas que entrevistas en Vinos Libres son mujeres. ¿Cómo interpretas este dato?

Esta es la primera entrevista que respondo sobre el libro y la primera ocasión que me formulan esta pregunta. Lamentablemente, estoy seguro de que me la repetirán muchas veces más. No lamento que me la hagas tú, porque tras 22 años juntos sé que eres feminista y que me la estás haciendo con toda la intención, sino por las muchas que seguirán y en las que no habrá la misma intención. Lo que responderé en esas ocasiones que espero no sucedan, porque sería muy buena señal, es que si hubiera una mayoría masculina nadie me preguntaría esto.

Pero, en cualquier caso, he elegido entrevistar a quien he decidido entrevistar porque me gustan sus vinos y creo que sus historias merecen ser contadas. Luego resulta que muchas son mujeres, sí.

¿Los vinos libres serán más cada vez? ¿Vamos hacia un mundo de vinos libres?

Es una tendencia que viene de lejos y que está viviendo un tímido auge. Cada vez hay más interés por los productos poco intervenidos y eso también ocurre con el vino. Cada vez más, en las grandes ciudades abren wine bars en esta línea, y también hay más restaurantes ofreciendo vinos poco intervenidos. También creo que estamos un poco cansados de beber siempre lo mismo, que la gente tiene ganas de descubrir cosas más funkies.

¿Cómo podemos seguir conociendo más vinos libres? ¿Tienes algún perfil social para recomendarlos?

Entrando en el perfil de Instagram de @vinoslibres.book y siguiendo los perfiles a los que sigo desde ahí. No fallan.