Poner nombres –también al vino– es una acción trascendental. Suele ser la primera información que recibiremos de una persona, animal o cosa de nuestro interés; y hará que nos formemos nuestras primeras opiniones.

Hay estrellas con nombres muy comunes como Blanca Suárez, Raúl González o Alejandro Sanz –aunque tuvo un intento sonrojante como Alejandro Magno–, pero hay que reconocer que otros lo han tenido más fácil gracias a la lírica resultante de la unión de palabras como Truman Capote o Diablo Cody. Diablo Cody es, directamente, el mejor nombre ever.

Independientemente de esto, hay una situación particularmente injusta, consistente en tener un nombre que en otro idioma significa algo susceptible de juegos de palabras chuscos. Traer aquí el caso del modelo de coche Mitsubishi Pajero es canónico, en el sentido de que en España lo tuvieron que cambiar por Montero para evitar cachondeo y su correspondiente merma en prestigio y ventas.

También existió un Nissan Moco o un Mazda Laputa. Y es que los japoneses son buenísimos para estas cosas. Aunque también existió un KIA Borrego y un Volkswagen Jetta. Este último sí se comercializa en España tal cual, ya que la jeta es algo muy del ADN español. No vimos el chiste.

El caso es que hoy voy con cuatro vinos que, en su país de origen, supongo, tienen un nombre normal, pero que el wineloverismo nacional, cuando los prueba, llena sus redes de una manera muy desagradable con, aparentemente, ingeniosos chascarrillos.

Elvio Cogno Barolo Bricco Pernice Cogno 2011

Hasta el Cogno de bromitas. BEBER MAGAZINE

Nuestro primer caso lo genera el evocador apellido de uno de los grandes productores del Piamonte. Si fonéticamente decimos ñoqui o ñomo cuando leemos la “g” y la “n” juntas, aquí va a ocurrir que, en una asequible asociación de ideas, manifestemos sin ningún tipo de discreción que nos estamos bebiendo un coño.

“Qué coño tan rico”, “pero qué coño tan caro”, “este coño está falto de acidez”, “menudo coño más potente” o, la más horripilante, “este coño aun está joven” –esto lo leí en su momento y me tuve que ir a la ducha de lo mugriento que me pareció el comentario–. De hecho, ahora al reproducirlo, tengo que volver a la ducha–.

Regreso de la ducha:  como he dicho, Elvio Cogno es un gran elaborador, por lo que os animo a probar todos los Cogno que os podáis permitir. Empezad con los más básicos y asequibles y según vayáis cogiendo experiencia id penetrando en los de mayor jerarquía.

Precio: 96,30 euros.

 Foillard Morgon Côte du Py 2018

Como lo de Folhas Novas. BEBER MAGAZINE

En este ejemplo dejamos la anatomía femenina para irnos a un verbo, uno de los que más domina nuestras erráticas conductas y lamentables maneras de ser.

En Francia, de donde es natural este elaborador de culto que es Jean Foillard, pues follar no les dice nada. Ahora, para un hispano parlante es descorchar una botella de este excelente Morgon –para muchos el mejor– y empezar con lo de “qué bueno es follar”, “cómo nos gusta follar”, “aquí cuando se folla se disfruta”, “el que no folla es porque no quiere”, “yo follo en restaurantes”, “follando en la barra”, “yo pago para follar”… y así hasta donde os dé vuestra maravillosa mente. Muy deprimente.

Insisto, el vino es buenísimo. Eso sí, como es un productor bastante natural y, a veces, a sus vinos les cuesta abrirse o salen algo reducidos. No desestiméis los preliminares a la hora de acercaros a Foillard y si veis que tenéis que sacar juguetes adultos, como un decantador, hacedlo para que la experiencia fluya convenientemente.

Precio: 34,17 euros.

Follador Prosecco

Víctimas de la chirigota veneciana. BEBER MAGAZINE

Pues a riesgo de reiterar lo sucedido con el caso anterior, no sería justo no traer a colación en este texto el caso mas famoso de procaz humor in traslation.

La familia Follador lleva siglos haciendo espumosos en el Véneto y, supongo, aguantando bromas de sus amigos con conocimientos en castellano. Si en los carnavales venecianos hay algo parecido a las chirigotas, esta familia ha tenido que vivir un autentico calvario en todas sus generaciones.

Tengo que confesar que no he probado este espumoso, ni ningún otro de esta casa, pero por lo que me han comentado cercanos, pues es un vino normal, sin más.  Aquí lo mismo, si no es por el apellido familiar, hubieran pasado desapercibidos. Nuestra inmadurez les está viniendo bien. Pero bueno, si un día se tercia, probaré un Follador y os cuento.

Precio: 12,50 euros.

Dom Pérignon Brut P2 Dom Pèrignon 2002

Nombres vino: ¿pedos?

Carbónicos, pero gases al fin y al cabo. BEBER MAGAZINE

Cerramos con un Champagne de leyenda a la vez que escapamos al doble sentido relacionado con el follisque.

También ocurre que, mucha gente, por no fijarse, no cae en la supuesta mofa, aquí de índole escatológica. Y es que si decís en alto P2 os queda pedos. Un espumoso de 400 euros se llama pedos. Un Domperi con esta submarca es un ejercicio aspiracional –jajaja– bastante fallido.

Aunque aquí sí que puede que haya una relación entre su nombre y las consecuencias de su ingesta, sobre todo a partir de cierta cantidad. Y es que esta bebida alcohólica gaseosa nos puede dar ganas de ventosear a la vez que nos va a emborrachar.

En cualquier caso, una honestidad lejana a la intención inicial del dueño de la marca que no es otra que el imperio del lujo: LVMH.

Precio: 406,84 euros.