Los que vienen a continuación son vermuts originales, que se salen de las fórmulas más convencionales. Son aptos para engrasar cualquier reunión familiar y, también, para regalar –vienen esas fechas–. Las botellas, muy bonitas.

No esperéis, los más puristas del vermú, sabores amargos. Estos son vermouths de corte español, esto es: menos amargos que los italianos y los franceses. Vamos, que son perfectos para tomar con un hielito y para casi todo tipo de paladares. Caramelo.

Vermut Clàssic Castell del Remei

Pues eso, clásico. BEBER MAGAZINE

A la gente de Castell del Remei –antiquísima bodega catalana bajo la DO Costers del Segre– les ha dado por la nostalgia. Será por su larga historia, digo yo. Además de ponerse vintage en la etiqueta, parece ser que con este vermú han recuperado una fórmula de los años ’20 del siglo XX.

A mí me huele a artemisa –recuerda a la Coca-Cola–, a canela y a piel de naranja seca. Es bastante agradable. En cuanto al sabor: dulce, dulce y dulce con un afortunado final amargo, un poco ahumado y tánico. Básicamente: dulce y fácil.

Precio: 8,50 euros.

Sant Petroni Vermello

Bien bueno. BEBER MAGAZINE

Sant Petroni es gallego, y si el anterior se elaboraba con una base de Macabeu –uva característica de la zona donde se produce–, adivina qué uva emplea este para su vino base. Albariño. Luego este vino base se aromatiza con plantas diversas entre las que destacan –aparecen destacadas en la botella– el hibisco y el ajenjo. El ajenjo es común a todos los vermús, lo que llama la atención es el hibisco.

Esta bonita flor rojiza, tan socorrida para estampar camisas hawaianas, proporciona el eje aromático. Huele a hibisco. El hibisco tiene un aroma dulzón, floral, obviamente.

En la boca resulta menos dulce que el anterior, tiene un puntito más de acidez y deja notas terrosas. Pero eso no quita que sea una bebida muy amable. Sin conflictos. Está rico, la verdad.

Precio: 13,95 euros.

Fabuloso Vermut Gin Fusión Picofino

¡Iconoclastas! BEBER MAGAZINE

Esta gente de Picofino me tiene descolocado, porque ni juegan la baza del origen ni la de la tradición. Son unos iconoclastas.

El tema es que al vino base del vermut se le suele añadir alcohol para llegar a cierta graduación. Este alcohol puede ser un aguardiente de cereal, por ejemplo. Bueno, la peculiaridad de este vermú de curioso nombre es que la gente que lo elabora le añade su propia ginebra –también hacen ginebra–.

El resultado es una bebida más suavizada en nariz, con notas más balsámicas y especiadas, también dulzonas. Luego, en boca, tiene un nivel de glucosa media, sabores de caramelo y un final más astringente que los otros dos. Tiene un punto más sofisticado y un diseño, cuidadísimo.

Precio: 17,90 euros.