Me temo que el ponche español más internacional es muy polarizante. Decir sangría evoca gratos recuerdos de verano, chiringuito y siesta pero al mismo tiempo nos hace revivir recuerdos no tan gratos, acidez, resaca, muerte negra. Tanto es así que imagino a una sociedad española aún más dividida que la presente o, mejor dicho, dividida aún por otro motivo más: ¿sangría sí o sangría no? La única respuesta correcta es sangría sí, pero sangría perfecta. Y entonces se abre otro melón: ¿por qué las sangrías nos suelen salir tan mal?

Tras una (minúscula) investigación he concluido que el mayor problema de la sangría es el cuñadismo. El desconocimiento y el ‘yo lo haría así’. Y no, eso no sirve, una sangría hecha de cualquier manera es un peligro y su perpetrador, un irresponsable de tal calibre que podría entrar por la puerta grande del Congreso. Y así es como suelen hacerse, de cualquier manera. Mal. Fatal.

Por eso tienes que evitar los siguientes cuñadismos y, si quieres, buscar inspiración en las recetas que proponemos al final del post.

Cuñadismo #1: La sangría es española y muy española

Pues no. Como muy bien explican la historiadora de la gastronomía Ana Vega y la revista digital que quisiéramos ser, Imbibe, la sangría tiene su origen en una bebida caribeña documentada por lo menos desde el siglo XVIII. Esta proto-sangría se elaborada con una mezcla de aguardiente, cítricos, especias azúcar de caña y agua y se llamaba sangaree.

Por cierto, pensar que aún tiene un predecesor mucho más antiguo en los vinos especiados romanos –condita paradoxum– no sería una locura.

Cuñadismo #2: Cualquier vino vale

Cualquier persona de buen beber se dará cuenta de que este cuñadismo merece el mayor de los desprecios, así que lo poco que diré al respecto es que expertos del nivel de José Andrés, Marc Álvarez o Javier Caballero recomiendan vinos de fresqueo, a ser posible elaborados con Garnacha o Tempranillo.

Cuñadismo #3: Métele estopa que está muy suavita

Que tu cuñado sea un dipsómano de combate no tiene por qué perjudicar la salud hepática del resto de la familia.

La sangría es un ponche de vino fortificado. Esto es: al vino seleccionado –garnacha o tempranillo de fresqueo– se le suele añadir uno o varios destilados. Los canónicos son Brandy, Cointreau o Triple Sec, Vodka e incluso Porto Ruby.

En cualquier caso, la proporción de vino y alcohol aceptable viene a ser de 4 a 1. Es decir, que para una botella de vino de 750 ml el volumen total de los destilados no debería superar los 187 ml o 6 chupitos.

Dicho esto, aquí va un concepto que te evitará resacas nivel 5: puedes hacer sangría solo con vino.

Cuñadismo #4: Échale Fanta que se te ha ido la mano

Puede que se te haya ido la mano si has obedecido a tu cuñado en el punto 3, lo que automáticamente te convierte en otro cuñado. Y sí, efectivamente, diluir el alcohol en refrescos ayudará a paliar el estropicio en boca –que no la resaca, ya que el alcohol no desaparece–. Pero los mixers saborizados, el Kas o la Fanta de Naranja, hablando en plata, aunque tradicionales, son un ingrediente a evitar. Porque no tienes doce años.

La función del refresco de naranja en la sangría es cuádruple. Primero, aportar sabor; segundo, aportar azúcar; tercero, diluir el alcohol; cuarto, aportar burbujas. Pero el caso es que hay mejores maneras de hacer todo eso.

Para aportar sabor a naranja o limón es óptimo usar zumos de fruta –naranja, limón o ambos– naturales y recién exprimidos. 

Para aportar azúcar lo mejor es usar azúcar. Pero es incluso mejor necesitar el mínimo azúcar posible. ¿Cómo reducir la necesidad de azúcar? Eligiendo un vino adecuado –tempranillo o garnacha de fresqueo–, reduciendo los destilados o incluso eliminándolos, aprovechando los azúcares naturalmente presentes en la fruta de maceración y haciendo un uso adecuado de las especias –especialmente la canela, que aporta sensación de dulzor–.

Para no tener que diluir el alcohol lo mejor es reducir el volumen de alcohol. Comprensible, ¿verdad?

Y para aportar burbujas, existe la soda.

A ver si al otro lado del charco van a hacer mejor la sangría… FRANK ZHANG PARA UNSPLASH

Cuñadismo #5: Ahí faltan melocotones en almíbar

¿Que tu cuñado le quiere meter plátano? Bien. ¿Quiere melocotón en almíbar? Es que tiene una fijación diabética.

Cada uno puede hacer lo que quiera. Pero la fruta añadida a una sangría perfecta debería tener sentido, por un lado, y por otro lado debería ser natural.

La mayoría de expertos –Caballero, José Andrés– se decantan por frutas crocantes –como la manzana o algunas variedades de pera – o jugosas –como la naranja y el melocotón–.

Otros, com Marc Álvarez, proponen la muy revolucionaria idea de prescindir de las frutas tradicionales y optar por otras que armonicen con el sabor del tempranillo o la garnacha de fresqueo. Por ejemplo: fresas congeladas. Al descongelarse en el vino durante la maceración dejarán su agua y sus azúcares y abrirán la puerta a una sangría perfecta. 

Cuñadismo #6: Yo preparo la sangría en 5 minutos

Una sangría perfecta –o no– se prepara rápido, pero eso no significa que se deba preparar al momento. 

Macerar el vino con las frutas o los aromáticos de tu elección entre 4 y 24 horas es una gran idea. Aportará mayor cantidad de aroma y los azúcares naturales de la fruta –si las usas–.

Eso sí, si vas a macerar durante tanto tiempo Marc Álvarez recomienda hacerlo en el frigorífico y en una bolsa de vacío, para evitar oxidaciones. Si no tienes bolsas de vacío puedes usar un táper: llénalo al máximo para que contenga la mínima cantidad de aire y ciérralo herméticamente.

Cuñadismo #7: ¡Qué calentorro, a esto le falta hielo!

La sangría se bebe fresquita, no lo vamos a negar, pero lo que suele faltar es frío. El hielo, habitualmente, sobra, porque lo único que hace es aguar la bebida cuando se derrite en ella.

En 1923 empezó a comercializarse un electrodoméstico que sirve para enfriar cualquier cosa y que prescinde del uso del hielo: se llama frigorífico. Ese armario blanco donde tu cuñado guarda el choped. Explícaselo. Si además has macerado tu sangría en el frigorífico el tiempo indicado en el punto anterior, la bebida estará bien fresquita.

Si a pesar de haberla enfriado previamente sois de beber lento, puedes tener la sangría en un una botella o porrón que quepan en una cubitera o cualquier otro recipiente con hielo.

Si el hielo es inevitable, es recomendable servir una buena cantidad y hacerlo en los vasos de cada bebedor y bebedora. 

Cuñadismo #8: Paso de recetas, yo la hago a ojo…

Probablemente, tu cuñado también cuelga los cuadros del salón a ojo y por eso su pared se parece más a un trencadís de Gaudí que a la sala 12 del Museo del Prado.

En fin, pasa de tu cuñado, la próxima vez ni lo invites o, mejor, provoca el divorcio o separación para que su presencia en tu genealogía se convierta en un chiste que tu familia cuenta de vez en cuando.

Cada uno tiene su receta –excepto tu cuñado– y todas son muy respetables –si has seguido nuestros consejos–, pero si quieres probar fórmulas certificadas por expertos para hacer la sangría perfecta ahí van un par de ideas, yo diría que casi opuestas, pero a prueba de bombas.

La receta de José Andrés: bastante alcohólica y sí, usa hielo, pero fíjate que usa muchísimo hielo y que añade hielo al vaso de cada comensal. Así se evita la disolución.

La receta de Marc Álvarez: esta receta solo usa vino, casi prescinde de la fruta y emplea romero como aromático. Vamos, es tan poco canónica y esencial que a más de un cuñado puede provocarle un infarto –jo, cómo lo sentimos–.