Yo soy muy de copiar. Me alineo con las tesis que apuntan a que la originalidad no existe. Así, considero que la copia es un homenaje. Luego está que saques un beneficio económico con eso y entonces ya entramos en el terreno del fraude y el plagio. Es otro tema. El caso es que yo tengo un grupo de cata. Y copié en eso.

La primera persona que me habló de una winegang, como él lo llama, fue Santi Rivas. Sí, el mismísimo líder de Colectivo Decantado y de cada vez más winelovers. Él tiene una winegang consolidada, creo, con la que abre botellas del aúpa. Con alguno de sus colegas se presenta a competiciones vínicas diversas. Y en ocasiones las gana. La idea me pareció fantástica y con unos amiguetes de mi pueblo hemos establecido la rutina de quedar una vez al mes para abrir botellas.

En ocasiones nos fijamos una temática más o menos académica, como una variedad de uva o un área geográfica. Otras veces el tema es la altura, el vulcanismo, los colores… Es divertido. Bebemos y hablamos de vinos de una manera que solo entre nosotros es posible. Si alguien de fuera de nuestro grupo nos oyera decir las cosas que decimos nos daría un guantazo. Somos snobs en petit comité. Y nos chuzamos.

A mí me parece una experiencia absolutamente recomendable. Pero mi experiencia es corta y no da para dar consejines. Por eso le pregunto a Santi sobre la conveniencia de tener o no tener un grupo de cata.

“Si se quiere aprender para beber con pretensiones es imprescindible una pandilla vinera”, afirma Santi con rotundidad. Y señala la importancia de tener pretensiones: “Si no se cumple esta premisa no hace falta tener que aguantar a terceras personas, y sus idioteces, porque la gente es tontísima y bebiendo vino no mejora“. Esta última declaración me deja dudas sobre cómo de cohesionado está su grupo. O como lo estará después de que sus miembros lean a Santi.

En cualquier caso, coincido con Santi. Mi grupo de cata lo componemos un sumiller, un estudiante de sumillería y dos aficionados con cierto interés y gusto –yo soy uno de los aficionados–. El caso es que intentamos sorprendernos. Yo creo que hay cierta presión para llevar botellas peculiares a nuestras reuniones. Es una forma de aprender.

Yo solo conozco una vía para lo que coloquialmente se denomina saber de vino y esta es beber muchos vinos. Soy empirista escéptico radical. Obviamente la teoría ayuda pero para mí no es el camino principal y más con la cantidad de literatura basura que hay en esta temática”, sostiene Santi.

Mi enfoque es ligeramente distinto. A mí, leer y formarme, aunque sea tímidamente, me funciona. A los dos sumilleres –Marc y Roger–, también. Al cuarto de nuestro grupo –Rubén– creo que tampoco le van los estudios vínicos pero tiene un paladar de aúpa. Quizá Rubén esté más alineado con Santi.

Sea como sea, en nuestro grupo, Roger y Marc suelen aportar notas técnicas muy precisas sobre denominaciones, zonas y conceptos de cata mientras que Rubén y yo nos aproximamos al vino de una forma más instintiva que, quiero pensar, complementa lo anterior.

Y es que a catar vinos se aprende catando. “Por lo tanto esto va de abrir botellas. Muchas. Todas las que puedas. Todo el rato. Como un ser humano tiene un presupuesto, un tiempo y un hígado finito lo suyo es que mancomunes todos estos factores y te busques un grupo de gente con tu misma inquietud”, aconseja Santi.

Estoy muy de acuerdo con el análisis. Catar es carísimo. Solo es sostenible si vives holgadamente o bien compartes el gasto. Dentro de cierta magnitud máxima, cuanto mayor sea tu grupo de cata, mejor para todos. Me parece que un buen número está entre 5 y 10 personas, considerando que cada persona llevará una botella de vino a las sesiones.

Catar más de 10 vinos de una sentada puede ser divertido y los profesionales lo hacen pero yo no estoy hablando de profesionales, sino de amateurs. Sobre lo finito del tiempo y del hígado, huelga decir que también estoy de acuerdo.

Antes de retirarse, Santi comenta los cuatro motivos por los que tener una winegang es necesario. A saber:

Uno: se comparten los gastos de la compra de los vinos.

»Dos: se pueden comprar más botellas y, por lo tanto, probar mas.

»Tres: Si hay un par con tu mismo nivel de interés cada uno profundizará en unas regiones, uvas o estilos que enriquecerán al resto del grupo; evitando que siempre bebáis, conceptualmente, lo mismo.

»Cuatro: Lo mismo acabas follando”.

No puedo hablar por el grupo de Santi –quizá sí estén cohesionados–, pero tengo dudas al respecto del punto cuatro. En cuanto a los tres primeros, no puedo estar más alineado.