Las relaciones entre política y cócteles son largas y tortuosas. El alcohol –como todas las sustancias con potencial para intoxicar o alegrarnos la vida–, su posesión y distribución se considera un tema sensible. Al final está claro que nada hay como una buena copa para mover los hilos entre bastidores, para celebrar una victoria en las urnas… o mitigar una derrota.

Orígenes políticos

Ya desde tiempos prehistóricos –bueno, desde tiempos del Punch, que no deja de ser la prehistoria del cóctel- encontramos que George Washington hizo encargar varios barriles de Ron para celebrar su primera investidura en 1789. Washington había acompañado a su hermanastro, enfermo de tuberculosis, a Barbados unos años atrás en un fallido viaje terapéutico. Con el Ron encargado, en la investidura se sirvió el Fish House Punch, que según cuenta el historiador David Wondrich debía ser  el Gin Tonic de la época en términos de popularidad. 

Una de las primeras definiciones de cóctel que se asemeja al tipo de bebida que conocemos hoy en día… ¡también tiene relación con la política! Dice así: “El cóctel es un licor estimulante, mezcla de un destilado del tipo que sea con azúcar, agua y Bitters. Se conoce vulgarmente como Bittered Sling y se supone que es excelente en época de elecciones, porque robustece y embravece el corazón, al tiempo que nubla la cabeza. También se dice que es muy útil para los candidatos demócratas: porque si una persona ha tragado un vaso del mismo se tragará cualquier otra cosa”. Casi nada.

Presidentes en forma de cóctel

Estos dos señores tienen su propio cóctel. LIBRARY OF CONGRESS – UNSPLASH

Dos presidentes norteamericanos han dado su nombre a sendos cócteles, bastante olvidados, por cierto: el Teddy Hat, dedicado a Theodore Roosevelt, y el McKinley’s Delight, más olvidado aún el presidente McKinley que el cóctel.

Se dice también, aunque parece que no es más que una leyenda urbana, que fue la madre de otro premier, en este caso británico, quien inventó el Manhattan. La leyenda cuenta que la bebida se inventó en un banquete que ofrecía Jennie Jerome, madre de Winston Churchill y dama de la alta sociedad neoyorquina, al candidato presidencial Samuel J. Tilden, aunque lo más probable es que, como tantas otras historias de coctelería, no sea cierta.

Lo que sí es cierto es que uno de los cócteles más destacados que se pueden preparar con Ron es El Presidente, del que existen casi tantas recetas como leyendas sobre su origen. La más extendida –que no significa que sea la más cierta– es que nació en la Cuba de los años de la Prohibición, en honor al presidente Machado o a uno de sus predecesores, Mario García Menocal.

Leyendas y curiosidades

En Cuba también nace, claro, el Cuba Libre, aunque la leyenda dice una cosa –que nació durante la Guerra de Independencia– y la historia, otra –que no pudo nacer hasta 1900 porque hasta entonces no llegó Coca Cola a la isla–.

Hay muchas otras anécdotas y fábulas que relacionan política y cócteles: la del Ward Eight –cuyo nombre deriva de uno de los más disputados distritos electorales de Boston–, la de los cócteles dedicados a políticos o dictadores –Chicote dedicó uno a Mussolini–, o la del Moscow Mule –que llegó a percibirse como una bebida antipatriótica en los Estados Unidos de la era McCarthy–.

Pero este post ya ha agotado su mandato, ojalá lo prolongue a una segunda legislatura.