El turista. Gracias a la bajada de costes del sector del transporte de personas, ahora mismo, viajar está al alcance de casi cualquiera que no esté en una situación de exclusión social.

Hay que ser presa de una dictadura o trabajar en una de esas Free Trade Zone de Filipinas, China, Bangladesh, entre otras, con salarios de un dólar al día en las que manufacturan las marcas que vistes mientras lees esto para, realmente, por medios económicos, no poder viajar.

Dicha situación está provocando que el turismo se esté desbordando en todos los lugares interesantes que visitar, ya que esto funciona en un solo sentido: el ser humano nativo de Ciudad Real va a Venecia o París pero no al contrario.

Ya salen voces que dicen que ante la masificación de los destinos turísticos lo que hay que hacer es no viajar.

No viajar es lo cool, quedarte en tu casa y alejarte de las masa sucia que atesta ciudades colapsando y horterizándolas.

Me parece muy sensato y evita el paradójico y clasista sesgo de quejarte de la cantidad de gente que hay en un lugar, cómo si tú no fueras parte de esa gente. Esto mi suegra lo hace mucho.

Pues yo hoy vengo con otra idea: no os quedéis en casa y salid a dar una vuelta por las bodegas españolas. Haced planes de enoturismo.

El ejemplo de Napa Valley

Como en este país se consume tan poco vino muchos están viendo en lo de turistear bodegas una fuente de ingresos nada desdeñable en un estado como el español que recibe tantos millones de visitantes.

Las bodegas nacionales siempre ponen de ejemplo el caso californiano del valle de Napa del que se suele contar que es la atracción turística, conceptuada como tal, más visitada de Estados Unidos. Por encima de DisneyWorld.

Desconozco si esto es cierto.

El problema que tiene fijarse en algo estadounidense, o anglosajón en general, es que tienen un sentido del espectáculo con tendencia a la idiocia y, fuera de su contexto sociológico -los yanquis y sus cosas-, puede quedar ridículo.

Que las bodegas se interesen por los planes de enoturismo y se comprometan en dotarse con personal formado para recibir visitantes, con restaurantes con pretensiones o disponibilidad de alojamiento, con personal para guiar visitas y/o almuerzos en viñedo e incluso alguna actuación artística en directo pues lo veo interesante o muy interesante, pero hay planes de enoturismo que tienen tela.

Una scape room en una bodega

Y es que en la redacción de Beber Magazine han recibido una nota de prensa muy espectacular titulada “Ocho planes que no esperabas hacer en un viñedo” con unas ideas bien locas.

Una es montar un scape room surrealista en el que juegas a rescatar a trabajadores del ataque de espías extranjeros.

Todo lo que acabo de escribir es real.

Cuidado: variedades de uvas sueltas.

Si bien hay bodegas que de entrar, ya lo que quieres es salir lo antes posible -lo que vendría a ser un scape room sobrevenido– este, tomando un concepto algo distorsionado de las técnicas de espionaje internacional, te pone en el papel de que unos rusos o gente del Mossad -más bien su unidad de ejecución: Kidon- quieren, por lo que coño sea, matar a enólogos, mozos de almacén, personal de vendimia y demás trabajadores por cuenta ajena y tú, cual Jason Bourne, los tienes que rescatar.

Es que es todo tan trastornado que ni siquiera esta acción se corresponde con lo que se entiende por un scape room.

Solo se me ocurren razones de consumo irónico -tan de moda en la actualidad- para que alguien quiera pagar por hacer esto en una bodega.

Hay más planes de enoturismo originales, por supuesto ya no de este nivel absolutamente insuperable, como una exposición de muñecos, en concreto mil quinientos, en los que se recrea la elaboración de vino. Pone que está destinada para los “mas pequeños”. Los más pequeños si estuviéramos en el s.XIX, porque a un niño de este milenio tú le pones a mirar algo estático y te dura de quince a veinte segundos.

Para los peques… sin TOC

Locurón: cata de vinos con queso

También hay paseo en globo, esto sí que es muy Napa, coctelería con vinos, prueba de cosméticos elaborados con uvas y dejan para el final la más revolucionaria: cata de vinos con queso.

Cata de vinos con queso. Con queso. Vinos y queso.

Ir a una bodega y catar sus vinos vale, pero que os pongan queso, ese alimento sólido que se obtiene por maduración de la cuajada de la leche una vez eliminado el suero… eso sí que nadie lo esperaba.

Vamos. Sí. Al nivel del scape room o de que suelten un tigre en el viñedo y al que deprede -y a su acompañante- no paguen visita ni alojamiento.

¿A qué sabrá un vino cuando lo maridas con un queso?

No me hago una idea.

Por favor si alguien, alguna vez, mientras ha bebido vino ha comido queso que nos comente su experiencia porque yo no me podía imaginar que eso se pudiera hacer.

Una revelación.