En 2010, cerca de la plaza Universidad de Barcelona, abría un minúsculo bar con el nombre de Morro Fi, especializado en vermut. No lo sabían, claro, pero Morro Fi fue pionero en la recuperación de la escena vermutera en Barcelona. Desde entonces, el auge de las vermuterías y neobodegas en la ciudad no ha parado, pero Morro Fi tiene sello propio; tan propio que comercializa su propia marca de aperitivos y vermut y que ha acabado ampliando la familia con varios bares hermanos, algunos gemelos, otros bien distintos, que han dado alegría a barrios donde la oferta flojeaba.

Morro Fi, el primero

Pequeño pero matón. MORRO FI

Morro Fi es el bar que Marcel Gasull, diseñador gráfico a quien le gustaba mucho trabajar en bares, abrió con la intención de montar “un bar clásico, de aceituna y boquerón, pero con una estética actual. Y donde el vermut fuera el gran protagonista”. Y aquí nos topamos con el primer punto que hace de Morro Fi un local único. En vez de copiar la estética de las bodegas barcelonesas de los años ’20 y ’30, el local es diáfano y con toques gráficos. 

Los dos hermanos de Morro Fi, el bar Mitja Vida y Dalt de tot -en la zona alta de Barcelona-, mantienen ese espíritu de boquerón y anchoa pero tienen personalidad propia

Mitja Vida, el segundo

Un bar que brilla mucho. MITJA VIDA

Mitja Vida fue el segundo proyecto de Marcel, que se asoció con Bárbara Rico y Marcos Riera en 2011.

Con un común denominador pero ajustado a espacio, ubicación y posibilidades, este segundo bar, abierto en 2012, es todo lo contrario a una puesta en escena clásica: su luminaria fría a base de leds para alejarse de la calidez nórdica que inundaba en ese momento la ciudad, y con hierro y mármol como materiales protagonistas; “fue una apuesta por una estética mucho más moderna, aunque la oferta gastronómica tenga un enfoque clásico”, nos cuenta Gasull. Algo que hace felices como perdices tanto a vecinos como gente que trabaja en el barrio, el público que llena el bar cada día.

Dalt de Tot, el tercero

Aquí puedes comer y beber bueno y bonito. DALT DE TOT

En 2014 abrieron Dalt de Tot, donde ampliaron la oferta a platos y tapas de cocina de plancha y freidora.

Situado en la frontera de tres barrios, este local se llena de gente local de todas las edades, como su predecesor: “Desde gente más o menos joven, pasando por padres con hijos pequeños hasta jubilados. Esto me encanta, pensar que no son bares para un nicho de edad concretos”, comenta Marcel.

Todo el mundo se lo pasa bien en los bares que nos ocupan, incluso los turistas que frecuentan Morro Fi “que ha salido en guías, y a los turistas les gusta y lo recomiendan en sus redes. Pero son turistas curiosos, aquellos que quieren conocer lugares más allá de lo mainstream, y estamos muy contentos con su actitud y el feedback que nos dan”, declara Marcel.

El cuarto, en un centro comercial

La prueba de que un buen producto y un amor incondicional por la cultura de bar tiene éxito es la réplica de Morro Fi en el centro comercial L’ Illa Diagonal.

En un lugar tan aséptico y de paso como un gigante de las compras, el corner Morro Fi supone un oasis desde la hora del aperitivo a la noche, “con vermut y cerveza a todas horas y por un tubo”, afirma Marcel. 

El quinto, otro Morro Fi

Y por último, hace un año que Morro Fi de l’Eixample tiene un gemelo: Morro Fi Bonanova.

“La verdad es que estamos muy orgullosos de tener dos bares con nombres diferentes, pero quisimos también que se nos identificara como una marca y a la gente les es más fácil reconocernos con un nombre”, dice Marcel.

Y es que Morro Fi también comercializa su propia marca de producto. Ya desde los inicios, con su bagaje de diseñadores gráficos, a Marcel, Bárbara y Marcos les apetecía trabajar una marca propia a nivel de idea, diseño, packaging… Así daban a los clientes la opción de comprar el vermut y los diferentes aperitivos que tomabas en el bar para llevar a casa. Y lo siguen haciendo a día de hoy.

Marcel y sus socios van abriendo bares y funcionan. ¿La clave del éxito?

“No queremos que nuestro equipo se comporte de una forma concreta, ni les decimos cómo deben transmitir en público. Queremos gente que esté a gusto trabajando, que sean ellos y ellas mismas, y que cada uno sea único y genuino”, afirma Marcel.

Para ello buscan perfiles afines y dejan que el resto del equipo de cada bar acabe decidiendo quién se incorpora. Y eso, indefectiblemente, nos lleva al siguiente punto:  “Nuestro objetivo es que los clientes se sientan a gusto. Tú puedes comprarte una Coca-Cola y tomártela en casa o en un bar. El producto es el mismo, pero hay que darle un valor añadido; una sonrisa, un par de hielos, una rodaja de limón… que te atiendan como a cualquiera le gustaría…” , reflexiona Gasull. Y añade: “No te digo que sea la experiencia de tu vida tomarte una tapita en alguno de nuestros bares, pero sí que buscamos que estés super a gusto”.

Pues eso, Morro Fi y vermut, tan a gustito.