Beberciers, aquí que vamos con una nueva entrega -que nadie pidió- de vinos que están buenos, o muy buenos, pero que tienen unas etiquetas horrorosas, cutres, poco trabajadas, anacrónicas, horteras, ‘suicidantes’, espantosas, daltónicas, nocivas, dañinas o todo junto. 

A priori, podría parecer difícil conjugar tal cantidad de adjetivos, pero si algo han demostrado estos elaboradores es que sí se puede. Vamos ya con nuestra galería antiestética de buenos vinos.

Henri Giraud Esprit Nature

Diseñada por un topo sin manos ciego de LSD. BEBER MAGAZINE

Empiezo fuerte con este espumoso de nivel realmente adictivo. A la hora de beberlo recomiendo muy fuerte alejarse mucho de la botella o quedarás hipnotizado por esa composición que aparece en la etiqueta, consistente en un árbol sin hojas con una pinta muy pocha, enferma, sobre un fondo azul cerúleo, con unas letras de varios tipos de fuente, color y tamaño para que quede bien claro que su diseñador estaba bajo los efectos de alguna sustancia psicotrópica. Estaba de viaje, pero no por esta dimensión. Eso, o este trabajo se lo encargaron a un topo sin manos. A un topo sin manos con mal gusto, porque estoy seguro de que hay topos sin manos que lo hubieran hecho mejor. Pero, insisto: gran Champagne.

Precio: 43,55 euros.

Orioll Rossell Reserva de la Propiedad Brut Nature 2014

¡Viva Rúsia! BEBER MAGAZINE

Seguimos de sparkling party con un Cava impactante tanto por su calidad como por todo lo demás. El disgusto empieza con la botella, aunque aquí reconozco que es una manía mía. Y es que es de cristal transparente.  Obviamente, sé que no son los únicos que van de Louis Roederer por la vida, pero en este caso el conjunto se enriquece con dos etiquetas negras pequeñitas de caligrafía inglesa sobre la que se superponen unos letrotes dorados que recuerdan más a la caja de un Antiu Xixona que a la del buen vino que resulta ser. Y es que todo aquí es muy navideño, pero en plan volviendo a casa después de haber pasado la nochevieja a base de alcohol, cocaína y alguna pelea que, por supuesto, no has ganado. Negro, plata, dorado, brilli, brilli… También os digo que esto lo ve un ruso y hasta le gusta. Pero no estamos en Rusia.

Precio: 25,90 euros.

Domaine de la Pinte Arbois Poulsard Pinte Bien

Hay etiquetas de vino muy feas, como esta

Una etiqueta gris, como la vida laboral de un contable. BEBER MAGAZINE

Pinte bien, dicen. Pues no, no pinta bien.  Si hacemos el ejercicio de imaginar la etiqueta idónea para un vino de lineal de supermercado esta cumple con todo, todito, el estándar.

Es anodina y cutre a morir. Además, lo peor es que tiene una supuesta sobriedad, desoladora, que no refleja el espíritu de este vino, gran ejemplo de lo que es un Jura tinto de fácil trago repleto de matices. Lo que yo llamo ‘fresqueo’ complejo. Pues parece que estén vendiendo un Viña Alcorta (con todos mis respetos para Viña Alcorta) o un vino de menú de 10 euros con pan y café o postre.

Este vino pedía dibujitos graciosos y diseños arriesgados que reflejen la alegría de vivir que te da beberlo y no que te evoque una vida de contable cuyo momento laboral más emocionante sea la solicitud del material de oficina.

Precio: 17,90 euros.

Domaine Léon Barral Valinière 2014

Es mejor romper con el amor de tu vida que mirarla cinco minutos. BEBER MAGAZINE

Leon Barral es el nombre de esta bodega en el homenaje que quiso hacer en 1993 el fundador Didier Barral a su padre Leon. Estamos ante uno de los mejores elaboradores del mediterráneo francés que no parece echarle mucho rato al diseño de las etiquetas de vino. Eso, o también ha contratado a la empresa del topo sin manos.

Otra orgía de tipografías, fuentes, colores y tamaños generadores de un engendro del que lo único bueno que se puede decir es que, al menos, el nombre del Domaine se ve claro. El resto de su estética es para llorar desconsoladamente mientras sostienes con las dos manos una taza de té bien caliente con una manta sobre la espalda. He pasado por rupturas sentimentales menos dañinas que observar esta etiqueta.

Precio: 45,90 euros.