El winelover es (en su mayoría) xenófobo. Ampelográficamente hablando, pero xenófobo.

Esto se transforma en que se mira con displicencia, (cuando no, directamente, con desprecio), a aquellos vinos que se gestan a base de variedades que no son españolas. 

Españolas en cuanto a origen histórico me refiero ya que, por supuesto, las siguientes uvas son de la región de la DO de la bodega. Pero esto va así:  si la Nebbiolo es una tinta canónica del Piamonte (Italia), a una cultivada en Jaén se la sigue considerando foránea.  

En España se apoyó el cultivo de estas variedades, sobre todo francesas, a lo largo de los noventa ya que se consideraban “variedades mejorantes”, (o sea que un vino con estas castas estaría más rico).

Alguno en su momento, y hoy casi todos, lo vieron una paletada, y argumentaron eso de que Francia no planta Tempranillo para mejorar su Burdeos. También toca informar que muchos vinos de este país de variedades de por ahí son de razas de uva que llevan plantadas más de cien años. 

O sea que no todos los vinos que veáis con Riesling español son noventeros. Bueno, alguno sí. Mil ochocientos noventero.

Independientemente de estas chorradas, hoy vengo con cinco vinazos de uva no hispana que gustarían a cualquier votante de VOX.  Vinos para personas de bien, de cómo hay que ser, por eso hoy no caben referencias #tiesosfriendly

Hoy voy con una selección para desahogados.

Barranco Oscuro, Salvaje Blanco, 2018, Vino sin DO. 17,95 euros.

El más barato de hoy es una Sauvignon Blanc de una bodega de Granada que como no pertenece a ninguna DO, ni a nada que se le parezca, se las tienen que ingeniar para indicar en la etiqueta su contenido.

De ahí que este vino se llame Salvaje Blanco; su Merlot “Canto del Mirlo”;  la Garnacha “Garnata” y así todo.

Son naturis pero están buenos, tanto que esta referencia puede ser la mejor Sauvignon Blanc española. Lo cual tampoco es decir gran cosa… pero que está bueno.

Cortijo los Aguilares, Pinot Noir, 2018, DO Málaga-Sierras de Málaga. 31,95 euros.

Seguimos en Andalucía pero tiramos para Ronda, aquí sí que hay gente buena y de nivel ya que estamos en el municipio favorito de mi ídolo: Fran Rivera. Ese bloguero (el rincón que tenía su prosa en HOLA! es una cumbre del humor involuntario), torero, emprendedor, científico, zoólogo, viajador, galán, politólogo, estilista, ambientalista, tertuliano, socialité, it boy, padre, director de cortometrajes, foodie, conversador, aristócrata, cortador de jamón, amigo de sus amigos, español y canallita. Hombre del Renacimiento, de los que ya no quedan, de los que se están extinguiendo con tanto buenismo, pedir permiso y la corrección política.

Pues hasta a este membrillo le gustaría esta Pinot Noir que, por supuesto, es tinta (el blanco y el rosado es cosa de chicas, de princesas). Botella de arte y ejemplo de enterismo.

Chivite, Colección 125, Blanco, 2016, DO Navarra. 50,90 euros.


Una Chardonnay de una etiqueta cuya primera añada fue 1985 convirtiéndose en un clásico automático.

Es una referencia que además de la variedad tiene otro hándicap winelover y es que dada su densidad, y carga de madera, muy de fresqueo no es. Sutil tampoco. 

Pero un español de verdad lo que tiene que hacer es comprarlo y guardarlo más o menos una década, y te queda un ready to drink que te arregla el día.

O te dejas de gilipolleces y te lo pimplas esa misma tarde. Que ya está bien.

Bodegas Torres, Mas la Plana, 2013, DO Penedés. 73.90 euros.

Nos vamos a la tierra de los que quieren romper España con tanta catalanidad y tanta hostia, y resulta que estamos ante un tinto a base de uva francesa. 

Pero bueno, relajad los animos VOXers, que este icono líquido nació en 1970, es decir, es preconstitucional, (ahí sí que se vivía bien), y encima la Cabernet Sauvignon que lo integra fue plantada en los 60.

Si pasó la censura algo bueno tendrá. Esto se lo bebería hasta Bertín Osborne. Creo. 

Abadía Retuerta, Petit Verdot, 2015, VT Castilla y León. 119’90 euros. 

Y cierro en Valladolid, (no quedaba otra, dado el tono de este texto), tierra del “como Dios manda”, de carnaza y de tintazos guapos.

La Petit Verdot además es que ni en Burdeos (de dónde proviene) te la ponen sola de lo complicada que es. Pues Abadía Retuerta se marca un monovarietal que para mí es de los mejores vinos, así a secas, de este país.

Y con unos diez años de guarda sobre añada ya es que, vamos, os deja una sobremesa de las de venirse muy arriba.

De las que se acaba pidiendo el Españexit (lo que viene a ser Brexit Spanish Edition).

Qué ya está bien de que nos mangoneen desde Bruselas.