El mundo del vino es machista. Y lo es porque la sociedad lo es. Por supuesto, eso no quiere decir que no haya mujeres muy respetadas y admiradas en el sector, que han alcanzado puestos de responsabilidad y que ejercen su labor de forma impecable. La D.O.P. Vinos y Vinagre de Jerez, por ejemplo, tiene más de doscientas mujeres en sus filas, dedicándose profesionalmente en diferentes áreas. Este argumento es el que se usa reiteradamente para hacernos creer que hemos logrado la igualdad. No, amigas, no se trata de números, o al menos no sólo de números. Hay muchos hábitos y creencias que se siguen perpetuando, muchas veces de forma inconsciente, que suponen fuertes trabas para la plena igualdad.

Rocío Ruiz, apasionada de los vinos de Jerez, es directora y propietaria de Bodegas Urium, una pequeña bodega artesana y familiar. Ella se ha encargado del negocio familiar y este dato podría hacernos pensar que eso le ha impedido darse cuenta de cómo las mujeres lo tienen más difícil para llegar arriba. Nada más lejos de la realidad. Desde su alto cargo, Rocío nos cuenta cómo aún queda mucho camino por recorrer para que las mujeres en el sector del vino tengan las mismas oportunidades que los hombres.

¿Crees que te ha costado más llegar a tu puesto por el hecho de ser mujer?

Afortunadamente, puedo decir que he crecido en una familia que ha tratado a sus hijos con igualdad, con independencia de su género. Tengo un hermano, y a los dos nos han dado las mismas oportunidades, es mas, yo que soy la mujer, me dedico con mi padre al negocio familiar, algo tradicionalmente masculino, y mi hermano tiene una profesión en otro sector diferente, es músico.

Pero veo en colegas, que sí que han tenido que demostrar más en sus puestos, ya que hay una predisposición a contratar y dar cargos de responsabilidad a los hombres, dado que se supone que somos nosotras las que sacrificamos la carrera para cuidar a la familia. Entonces el empresario que va a contratar, ve más riesgo de no continuidad en su puesto si elige a una mujer. Y nada más lejos de la realidad, ya que las mujeres que conozco en general, cuando se comprometen en un trabajo o en una empresa suelen implicarse al cien por cien.

¿Crees que hoy aún debes esforzarte para que se te reconozca por el hecho de ser mujer?

Sí. A las mujeres todavía se nos exige un esfuerzo extra, tenemos que demostrar más seriedad, debido a que el ADN machista que todavía hay en la sociedad hace que se nos vea mas frívolamente. No son discriminaciones evidentes, sino comentarios o actitudes que demuestran un trato distinto hacia nosotras, que nos condiciona el comportamiento, y nos obliga a mostrar cierta distancia o seriedad para que se nos tome de una forma más profesional.

¿Consideras que el mundo del vino es machista?

El sector del vino ha sido tradicionalmente masculino. Por supuesto que ha habido mujeres que han desarrollado su profesión en este ámbito, pero han sido una minoría.

Afortunadamente cada vez hay más presencia femenina en los puestos directivos y en cualquier tipo de tarea de bodega, pero todavía queda mucho por hacer por la igualdad, en la medida que tenemos que seguir trabajando en general en la sociedad.

¿Cómo se puede trabajar para promocionar a la mujer en el mundo del vino?

Lo principal para mí es la normalización, es decir, que las niñas no vean como algo excepcional que una mujer se dedique a algo, sino que, en su visión del mundo, ellas puedan ejercer cualquier profesión y perciban que en todos los trabajos hay mujeres. Así a la hora de elegir sus estudios y su carrera profesional tengan todo el abanico de posibilidades para elegir.

No nacemos con esos prejuicios, recuerdo un anuncio donde se pedía que representaran el gesto de hacer algo “como una niña”, como por ejemplo correr o lanzar una pelota. Los adultos parodiaban a una mujer débil y cursi, sin embargo, las niñas lo hacían con toda naturalidad, sin cambiar de actitud.

Ojalá podamos conseguir que cuando crezcan, sigan viéndolo de la misma manera, hacia eso deberíamos ir, en mi opinión, para hacer efectiva la igualdad.

Tú estás en un puesto importante que te has ganado con tu esfuerzo. ¿Crees que forma parte de tu responsabilidad ayudar a otras mujeres para erradicar las desigualdades aún existentes?

Por supuesto que sí, claro que es mi responsabilidad. Mi obligación es ser objetiva, considerar a las personas por su valía sin que me condicione su género. Además, ejercer mi profesión de la mejor manera posible, para que las niñas que haya a mi alrededor tengan una referencia de mujer que se dedica a lo que ama y que ellas también pueden hacerlo.