No sabemos de epidemiología. Sería insensato por nuestra parte valorar la efectividad de cerrar bares, restaurantes y otros negocios de hostelería para evitar la expansión de la Covid19. Pero sabemos, todo el mundo lo sabe, que la ruina es tan contagiosa como el virus.

Si las administraciones no toman medidas, ágiles, eficaces y decididas, la ruina económica matará a la hostelería y se extenderá a otros sectores. Ayer –14/10/2020–, dos amigos catalanes, propietarios de un bar y de un restaurante, respectivamente, nos contaban cómo se han apresurado a cancelar pedidos a proveedores. La incertidumbre es pólvora.

Los Gobiernos pretenden matar el virus a cañonazos. Cierran los bares, todos los bares, manifestando su incapacidad para distinguir entre comportamientos responsables e irresponsables y perseguir estos últimos. No ganaremos esta guerra con cañones. Necesitamos responsabilidad, individual y colectiva. Y cribajes. Y tests rápidos. Y rastreadores. Y personal sanitario trabajando en condiciones

La bajada de persianas en Cataluña son las barbas del vecino. Es posible que en las próximas semanas bares y restaurantes de otras Comunidades tengan que saltar al vacío sin red. Por el momento, no hay ayudas. Solo un futuro muy negro.

Ojalá detengan la segunda ola de Covid19, veremos, pero necesitamos diques que eviten que el tsunami económico arrase un sector ya en zona catastrófica.

Los negocios no enferman, pero mueren y se llevan a la tumba a quienes viven de ellos. No hay que salvar a los bares porque nos guste beber. Hay que salvar a los bares porque queremos vivir.