Mauri Jiménez, de Cocktails per que sí, entrevista a Julia Casado, enóloga y viticultora en Bullas (Murcia). Julia elabora vinos naturales de Monastrell y Garnacha bajo el sello La del Terreno, nombre de su bodega modular.


¿Cómo te iniciaste en el mundo del vino?

En 2008 pedí un semestre de vacaciones en la universidad alemana donde estudiaba música, porque necesitaba acabar hacer unas prácticas para completar los estudios de Ingeniería Agrícola, que había cursado en Alicante. No tenía ni idea de vino, pero como estaba muy cerca de la región del Palatinado, me planté en la Weinstrasse y empecé a llamar, literalmente, a las puertas de las bodegas para preguntar si me admitían. A través de este programa universitario de prácticas hice mi primera vendimia en 2008 y fue una experiencia que me empujó a continuar por ese camino. Así que cuando acabé violonchelo, me matriculé en Enología. Me dieron un premio para terminar la licenciatura en Vega Sicilia, y de ahí me fui una temporada a trabajar en una bodega argentina. Después estuve trabajando también para otras bodegas en España. En esa época empecé a sospechar que esto no era lo mío, no me gustaba trabajar en bodegas grandes. Había conocido ya los vinos limpios, sin aditivos, sobre todo franceses, y desde ese momento ya no hubo marcha atrás…Me decidí a empezar un proyecto propio, donde poder elaborar libremente.

¿Qué significa tu oficio?

Es la oportunidad de conectar con el paisaje donde vivo y transmitir esa relación a través de algo que, como la música, está hecho para ser compartido y disfrutado con los demás. Es ser una especie de intermediaria del paisaje y es entender la mesa y el placer gastronómico. Creo que el vino es una especie de cultura líquida… Igual que me sigue sucediendo con la música, esta profesión impregna toda mi vida y mi manera de entender el mundo.

¿Qué aconsejarías a alguien que empieza?

Que se aproxime a las tradiciones del lugar y las investigue. Que se forme para desarrollar su propio criterio. Que reconozca y aprenda de los/las maestros/as, que suelen ser humildes y generosos.  Directamente o con el ejemplo, te enseñan las lecciones más valiosas para seguir avanzando en tu propio camino y son capaces de transmitir un conocimiento, en mi opinión, cualitativamente más importante que algunas enseñanzas regladas.

¿Quienes son tus referentes? 

Sara Pérez y Vicky Torres son para mí las referentes nacionales más inspiradoras y a las que además tengo mucho cariño personal. Me parecen también grandes referencias Carles Pastrana y Lorenzo Valenzuela. Fuera de nuestro país, me encantan Elisabetta Foradori, Aldo Viola, Gérard Marula, Thierry Puzelat

¿Qué variedades te interesan más y con qué vinos – que no sean tuyos- las describirías a alguien?

Por supuesto la Monastrell, y una de mis favoritas es la de León Barral. Una variedad que me interesa mucho y que también trabajo es la Garnacha, y me encanta todo lo que hace Stanislas Wallut en Domaine de Villeneuve. Y hay una variedad que no trabajo y que me atrae mucho, la Giró. Un buen ejemplo es el Imagine, de Gutiérrez de la Vega.

¿Si te invitasen a una cena con amigos poco entusiastas del vino, qué llevarías?

Un espumoso sencillo tipo ancestral

¿Qué libro acerca del mundo del vino recomendarías?

Tras las Viñas, de Josep Roca e Inma Puig

¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta el mundo del vino en el contexto actual de Covid-19?

El cierre de la hostelería ha supuesto un golpe duro para todos. El reto es sobrevivir, seguir llegando a las mesas y facilitar esa labor a nuestros clientes.

No quieres morirte sin haber probado antes…

Una añada vieja de Henri Bonneau.

¿Qué estilo de vino está más desprestigiado y que vino propones para apreciarlo?

Los rancios y el fondillón, como los de Sara Pérez y Felipe Gutiérrez de la Vega 

Dinos tres Bares a Vinos, de cualquier parte del mundo, que valgan la pena visitar.

Cave Augé (Paris), Antidote (Londres) y Bodega Cigaleña (Santander)

¿De cuál de tus vinos te sientes más orgullosoa?

La Cañada del Jinete 2016. Es el primer año que elaboré en mi bodega modular, en unas condiciones muy difíciles. Es un vino fino, expresivo, muy vivo… ¡Un superviviente!