El origen de muchos de los cócteles está rodeado de nebulosas historias y anécdotas. La autoría de algunos de ellos es incierto y existen disputas sobre el lugar exacto donde nacieron otros. Por si esto fuera poco, los ingredientes y proporciones han ido cambiando, dando lugar a creaciones similares pero no exactamente iguales. 

Sobre los cócteles con vino –y no sólo hablamos de tintos, blancos o rosados, pues vino también es el cava, champagne, generosos y muchos más–, existen curiosas historias vinculadas a momentos históricos, personajes locales y tradiciones regionales. Sirvan como ejemplo, estos tres cócteles de vino blanco, espumoso y vino tinto de origen francés, italiano y chileno. 

Kir

cocteles con vino kir

Un cura muy colorido

Es uno de los aperitivos más tradicionales de Francia. Todo un clásico y muy sencillo de elaborar pues solamente se utilizan dos ingredientes: crema de cassis y vino blanco servido directamente en copa de vino.

El cóctel nació en Borgoña, y más exactamente en Dijon. Su primer nombre fue Blanc Cassis y parece ser que lo elaboró un camarero de nombre Faivre. Su idea fue combinar dos productos locales: vino blanco seco y cassis. A partir de ahí, el aperitivo empezó a servirse en las recepciones oficiales y a extenderse en popularidad.

El nombre de Kir se adoptó en el año 1951 en honor de Félix Kir, canónigo y alcalde de la ciudad, que promocionaba así los dos productos más arraigados en su región. De ese año también es la patente de la Crème de cassis, registrada por Lejay Lagoute, empresa que un año más tarde registró Kir.

Años después aparecería el mismo cóctel en su versión con champagne, añadiendo al nombre la palabra Royale.

Originalmente, el cóctel se elaboraba con vino de Aligoté, variedad de uva blanca tradicional de Borgoña. Hoy en día se utilizan otras uvas blancas, como la Chardonnay.

Para elaborar un Kir, solo tienes que verter un poco de crema de cassis en una copa, añadir vino blanco y revolver suavemente. Fácil, rápido y elegante.

Bellini

cóctel bellini

Bellini & Bellini. Tienen el mismo color.

Sirviendo una parte de zumo de melocotón y dos partes de cava, champagne o prosecco frío en una copa tipo flauta obtendremos el famoso Bellini.

Este cóctel surge de la tradición italiana de macerar melocotones frescos en vino y Giuseppe Cipriani fue su creador en el Harry’s Bar de Venecia, en 1945.

Según cuentan, mezcló el jugo de melocotones frescos con prosecco -espumoso italiano- y como era el año de la exposición antológica de “Giambellino” Bellini, lo llamó así en honor del pintor.

Cipriani dedico su cóctel al pintor veneciano del siglo XV también por la característica tonalidad rosada de la bebida, color que el artista utilizaba en sus pinturas. Cuentan también que  Giuseppe prestó dinero a un estadounidense de nombre Harry Pickering, cliente suyo en el Hotel Europa, para poder regresar a su país. Años después, y para compensarle, volvió a Venecia y abrió en sociedad el que sería Harry´s Bar.

El resto ya es historia: Ernest Hemingway, Orson Welles, Scott Fitzgerald o Dorothy Parker pusieron de moda el local, fama que aún perdura hoy en día.

Por cierto, también se le atribuye a Cipriani la creación del carpaccio, unas finas láminas de solomillo crudo de buey que elaboró especialmente para la condesa Amalia Nani di Mocenigo, a quien el médico le había impuesto una dieta con carnes no cocinadas.

Vaina chilena

Vaina chilena

El bello y la vaina
Coctel: Pilar Hernández, En Mi Cocina Hoy.

Es uno de los cócteles de vino más populares en Chile. Generalmente se toma como aperitivo antes de la cena.

Que una bebida se dedique a un humanista no es habitual pero el nombre de la Vaina  se debe a Andrés Bello: jurista, poeta, académico y ensayista nacido en Venezuela en el año 1781.

Andrés Bello llegó a Chile después de vivir durante veinte años en Londres. Fue el primer rector de la Universidad de Chile, senador, redactor del Código Civil, participó en el Movimiento Literario de 1842 y obtuvo la nacionalidad chilena otorgada por el Congreso Nacional. Hoy en día existe una universidad privada en Santiago de Chile que lleva su nombre.

Dicen que Andrés Bello era cliente habitual del un club en la capital chilena donde servían un aperitivo sin nombre específico y que él acostumbraba a beber. Así que el modo de perdirlo era por vaina, una palabra que viene a significar cosa, algo indefinido.

La vaina chilena se elabora agitando en una coctelera llena de hielo 50 ml vino añejo, 30 ml de coñac, 30 ml de licor de cacao, 2 cucharaditas de azúcar y 1 yema de huevo. Se adorna con canela en polvo y se existen variaciones con vino y vermouth blanco y con coñac y vino de jerez.