Mi relación profesional –en tanto que cobro por escribir sobre ello– con el vino es muy reciente y por tanto carezco de perspectiva de muchas cosas. Esta circunstancia tiene inconvenientes, claro, pero también muchas ventajas, como por ejemplo la falta de prejuicios y una aproximación, por así decir, desnuda a zonas, elaboradores, variedades y vinos. No es un ‘me la suda todo’, pero casi, y hago mía un mandamiento de Santi Rivas, mi gurú, que reza así: “lo único que importa es lo que hay en la copa“. Consecuencia de lo anterior es que desconozco cómo funcionan guías de vino como Parker o Peñín, por poner dos ejemplos. Es que no las he abierto en mi vida. Y no porque no lea sobre cuestiones vínicas, sino porque las veo como una cosa lejana, de otra generación, aunque comprendo por qué las bodegas ven en ellas un reclamo comercial.

En fin, esta exposición de mi ignorancia no sé donde me deja. El caso es que yo también me lo pregunto. ¿Dónde me deja? ¿Me estoy perdiendo algo? ¿Las opiniones de unos señores que, no dudo, saben un montón de vino, tienen alguna relevancia para el consumidor hoy en día? Yo, si busco criterio, pregunto a gente de confianza, sin intereses comerciales. Y si busco conocimiento me meto en el Atlas del Vino de la Robinson o en los volúmenes de la Bullipedia. Y a correr.

Por si acaso he preguntado a algunas de esas personas de confianza por su opinión sobre algunas guías de vino. En concreto, he preguntado a Santi, winestar supremo, Maider Larrañaga, mejor sumiller de Gipuzkoa, y a Ana Serrano Cuenda, experta en comercialización de vino. Sabiendo su punto de vista yo me monto el mío, sí.

“Las guías me interesan cero. Soy consciente de que pueden ser útiles al no iniciado, al servir de atajo para todo aquel que no tiene tiempo o recursos para ir probando diferentes vinos. Bien. Pero me molesta ese intento de objetivizar lo que es subjetivo, y más cuando todas tienen sus intereses, filias y ramalazos. Al final se convierten en un instrumento simplista que petrifica con una puntuación algo que está vivo. Muchos se escudan en que lo importante son los artículos adheridos a las notas pero vamos, eso es como los que decían que se compraban la Playboy –o en España la Interviú– por los reportajes. Tampoco les veo especial finalidad didáctica, es un formato en decadencia por saturación y redundancia. Existen contenidos alternativos mucho más interactivos, y gratificantes, que asistir a como un mamífero pone puntos a un líquido”, sostiene Santi con cierta dosis de vitriolo. Bien.

Ana tiene una opinión parecida: “No suelo seguir guías, la verdad. Mi guía es el twitter y la gente que sigo en él o lo que me cuentan”. Sin embargo, ella sí entra al trapo.

“Sigo lo que escribe Luis Gutiérrez, básicamente. Entre otras cosas porque Wine Advocate es la que más influye en el mercado, sobre todo los 100 puntos: se agota el stock, se disparan los precios, etc.”, dice Ana desde un ángulo comercial.

Sobre Wine Advocate, Maider añade lo siguiente: “Parker y Luis Gutiérrez son ya una marca en toda regla y, nos guste o no, se ha consagrado como rasero internacional de calidad de vinos. Aunque no estés de acuerdo con ellos, cuando catas un 95 o un 98 más o menos sabes qué tipo de vino puedes esperar. Eso facilita mucho las cosas”.

Sobre Tim Atkins, Ana dice que “es algo más exigente a la hora de dar los puntos”, aunque confiesa que no le sigue demasiado. Maider, en cambio, valora mucho “su incansable trabajo en Rioja, donde este año ha nombrado Grower of the Year a Carlos Fernandez, de Bodegas Tierra, apostando así por nuevas generaciones de viticultores”. Sin embargo, Ana y Maider declaran no seguir demasiado, en la actualidad, a Guía Peñín ni a Decanter. “Yo era de Rafael Proensa“, dice Maider.

Jancis Robinson está en la otra cara de la moneda. Ambas expertas se declaran admiradoras. “Ella me encanta. Y tiene a Centelles que es top. Me gusta porque tiene una base informativa muy interesante”, declara Ana. “¡Me cae bien! Me parece una señora que está de vuelta de todo, con ese humor tan british, y tiene una imparcialidad a la hora de criticar que me gusta”, sostiene Maider sobre la británica.

Pues con esto, que cada cual se forme su opinión. En cualquier caso, un último detalle que me parece muy significativo. Además de a los mencionados, también he consultado a algunos productores de vino que desean permanecer en el anonimato. “Si digo lo que pienso, dejo de vender vino”, me ha dicho alguno. Vamos, que pienses los que pienses, las guías de vino siguen siendo determinantes para las ventas. Pero quizá no tanto para formarse un criterio.