Los que me leen desde hace poco tiempo, debéis saber que cuando no publicaba en ningún medio y Facebook lo leía la gente más o menos normal, subía a diario la foto de un vino con un comentario largo que obedecía a una temática creada para esa semana. Había hilos amables, como Referencias de supermercado interesantes o Los mejores vinos para después de un homicidio involuntario, otros más cabrones, como el Top de vinos de psicópatas, o el que resultó ser mi último serial Etiquetas feas, vinos buenos.

Ni que decir tiene que, cuando hacía un serial malvado, tenía mucho, pero mucho más impacto que cuando era amigable. Era ser maligno y todo eran comentarios, likes, insultos y demás cosas que me dan la vida. Pero en el de las etiquetas feas, al ser en el fondo una loa al contenido en sí  –que, hostia, es lo que importa– pues no me esperaba la belicosidad de la gente hacia mi persona; en muchos casos de los productores de esos vinos.

Ya lo intuía. Pero ahí pude comprobar que este sector tiene tanto amiguismo, tanto contenido pagado y es tan precario, que muchos no entienden como positivo un comentario que en el fondo lo es. O todo es perfecto y fenomenal o se te enfadan.

Aquí pongo de ejemplo al sector vinero. Pero pasa con todo. Por eso el personal cada vez lee menos prensa, acudiendo a otras fuentes de información. Y yo me alegro.

Pero bueno, el caso es que hoy vengo a Beber Magazine a retomar el serial más conflictivo que hice jamás. En cualquier otro medio no me lo publicarían, lo cual es muy triste, porque, cuando lo leáis, veréis que no es para tanto.

Vamos.

Domaine Vincent Pinard Flores 2017

Desidia. BEBER MAGAZINE

Empezamos con un elaborador francés que no me conoce y vive lejos, lo cual es fenomenal para criticar su etiqueta: sosa, de tipografía simplona y con apellido de familia de artistas que es historia tragicómica de España. En un vino de este precio esperamos algo más de cuidado en la estética de la botella. Hay referencias de supermercado de 5 euros que han puesto más dinero en diseño que este vigneron de culto.

Mire, Sr. Pinard: redondee y póngalo a 30 euros, mancomune su dirección de arte, pero salga de esta desidia. Si ya ha logrado lo más difícil: que una Sauvignon Blanc parezca vinazo.

Precio: 26,90 euros.

 Tivo 2018

Etiquetas de vino simplonas

Simplón. BEBER MAGAZINE

Primi sí me conoce, me lee -y más cuando le etiqueto en IG–, pero no llega a saber dónde resido.

Aquí, mi amigo, se ha marcado uno de los lanzamientos de 2020 -con el mérito que tieneen un año que pasará a la historia como el peor del siglo, y más para la hostelería, desde luego espero que no haya uno aún peor– y lo ha hecho a base de una uva rara –variedad Rey– que yo, hasta esta referencia, ni sabía que existía. Y va y se marca esta etiqueta.

Fondo blanco, de nombre Tivo –intuimos diminutivo inverso de Primitivo– y unas hojillas ahí en naranja y gris. Un conjunto muy simplón. El vino, espectacular, una maravilla, al margen del socairismo, con personalidad propia. Imprescindible.

Precio: 33,95 euros.

Enfudrecido 2016

Lovecraftiano. BEBER MAGAZINE

Sin duda el rey del tema de hoy. Y es que esta etiqueta puede ser la más fea de la historia de la humanidad. Hasta un invidente puede percibir este horror.

Si Lovecraft fundó con sus relatos el terror cósmico, a base de cultos a dioses primigenios imposibles de describir sin coste de cordura, Carlos Fernandez -así se llama este cultwinemaker– ha fundado la etiqueta lovecraftiana y, sin recurrir al universo del escritor, nos hace sentir el terror cósmico más descarnado.

No lo digo solo por el muñeco, que es una horrenda escultura noruega de Gustav Vigeland, ubicada en Oslo. Es la composición del conjunto. Es llamarlo Enfudrecido, porque hace la crianza en foudre de roble austrohúngaro. Todo mal, menos el vino.

Es un tinto de fresqueo pero de los complejos, con garnacha blanca, tinta, graciano y tempranillo. Adictivo. De lo mejor que he probado últimamente.

Precio: 27,95 euros.

Forapista Pinot Noir 2016

Etiquetas de vino noventeras

Noventero. BEBER MAGAZINE

Me vuelvo a ir de España, pero no por falta de valentía, ya que la gente de Casa Auvinyá sabe de mí y en cuanto volvamos a la normalidad tengo pendiente ir a visitarles.

Yo sé que Andorra es un Estado muy vinculado a las compras libres de impuestos y a los deportes de nieve. Es lo que hay. Pero meter esta estética noventera a la etiqueta, con esa tipografía, ese tamaño de fuente y esa disposición horizontal, parece más propio de una prenda de O´Neill, Rip Curl, Quicksilver de finales de los noventa con su Nu Metal, pantalones anchos y actitud de nosequé, ya que los que más comprábamos estas prendas nos habíamos subido tres veces contadas a una tabla de surf, skate o de snow, y todas ridículo mediante. Que lo de posturear no lo inventó Instagram: ya estaba en nuestros corazones.

El vino sí es impresionante. La mejor Pinot Noir no francesa que he probado este año. Y eso es muchísimo, gente. Bueno, y francesas también destroza a unas cuantas.

Precio: 33,99 euros.

El Soplón de Albillo Real

Explotación infantil. BEBER MAGAZINE

Cierro a tope de nivel, porque la elaboradora de este vino, Cristina Carrillo, es amiga, ve mis contenidos, conoce mi dirección exacta y tiene un marcado punto violento si se dan las circunstancias adecuadas. Y una de esas circunstancias es meterte con la etiqueta de uno de sus vinos emblema.

Pero es que, entre que el dibujo no se aprecia bien desde lejos, que sale un niño trabajando sin tener edad laboral y que, aunque me lo ha explicado mil veces, aun no sé por qué se llama El Soplón y no otra cosa así chuli como Francotirador, pues no me puedo callar: alguien tiene que decírselo.

El vino: una pasada. Y de las mejores relación calidad-precio de este país.

Precio: 13,90 euros.

He puesto mi integridad física en peligro, pero compensa. Soy the voice of the voiceless.