Hace muchos años, nadie se fijaba demasiado en el camarero. Hoy en día, a la estela de los y las chefs, los profesionales que hay detrás de la barra empiezan a tener su momento de fama. Del más hipster al que viste impecable, los ademanes, la forma de mover la coctelera, la sonrisa perpetua y ese trago que te pone delante y te parece lo mejor que puedes beber en ese momento, los están encumbrando a rock stars de la noche. ¿Estoy hablando demasiado en masculino? Bueno, abre los ojos, entra en la coctelería y cuenta las mujeres que hay detrás de la barra. Apuesto que en tu ruta te han sobrado los dedos de una mano.

No es una novedad, me dirás, que la presencia femenina en una profesión sea menor. Claro. Y además, la profesión de barman (hombre en la barra) tiene una cierta lógica sociológica: los bares históricamente han sido espacio de hombres, tanto, que durante muchos años estuvo prohibida la entrada a las mujeres. Beber siempre se ha asociado a testosterona, a noche, a perdición. Poco margen para que una mujer arriesgara su “reputación”.

Afortunadamente, (aunque nadie lo diría viendo el ascenso de Vox), los tiempos han cambiado. Los bares son espacios de socialización de hombres y mujeres, el tinder de toda la vida, y la mujer va entrando  también detrás de la barra. Pero como en todo, el techo de cristal existe. Y no, no hay explicación lógica posible. Sólo la hay cultural: vivimos en un patriarcado y estas cosas siguen pasando. 

Empecemos por lo más básico. De entrada, las mujeres se plantean menos que los hombres dedicarse a ello, de la misma forma que las vocaciones científicas parecen menguar con el paso de los años entre las féminas. La sociedad y sus valores intrínsecos se encargan de enterrar bajo capas de estereotipos disfrazados de normalidad las pulsiones naturales. Así, con el tiempo, alcoholes fuertes, horarios nocturnos y santuarios de ligoteo se van asociando a espacios masculinos. El cromosoma X acaba por no considerarlo una opción… inconscientemente. 

Hoy vamos a romper esos estereotipos y a animarte si eres mujer y te gusta beber, crear, gestionar y sonreír, a que te hagas bartender. Y si tienes un bar, a contratarlas. No lo digo (sólo) yo, lo dice Damià Mulà, coordinador  profesor del Curso Superior de Coctelería y Mixología del CETT y Universidad de Barcelona y fundador de Bites and Cocktails: “Yo estoy mucho más encantado con ellas que con ellos. A nivel de aprendizaje, estadísticamente son mucho más altas las notas de las chicas que de los chicos. En mis cursos siempre son delegadas las chicas. Los chicos se lo toman más a la ligera, en plan `ya lo haré, ya me saldrá’, mientras que ellas son mucho más exigentes, incluso con sus propias notas, y están mucho más motivadas”. 

Son buenas razones para ello, ¿no? Eso sí, deja de pedir, si quieres una bartender tras la barra, “que sea guapa”. Este atributo superficial perpetua el machismo endémico de la sociedad. Es lícito pedirle a ellos y ellas que tengan buena presencia, pero ahí acaba la exigencia. “Cuando conocidos en el sector me dicen que necesitan una bartender con técnica, idiomas y ‘que sea guapa’ les digo que si la tengo, no se la enviaré ––afirma Mulà rotundo––. Nunca piden que los hombres ‘sean guapos”, así que acabemos con esto, por favor”. 

Carolain Spencer es mujer, es negra, es joven, es exmodelo y es bartender en Ramsés Madrid, además de Mixer Master de Schweppes, así que ha lidiado bastante cono sus atributos en cuestiones de trabajo: “Me tratan de forma distinta. Al principio llevaba mal que se me sexualizase, que se me viese sólo como una cara bonita; es algo contra lo que tienes que luchar, y de buenas a primeras ponía mala cara o incluso soltaba alguna impertinencia. Ahora lo juego de otra manera, pongo el modo irónico ‘on’ y el cliente no es tonto, sabe cuándo debe parar”. Noelia Serna, copropietaria de Musutruk , es más benévola, aunque también admite que hay diferencia de trato. “Son pocos, pero los hay. Y en estos casos, el problema lo tienen ellos, no los demás. A estos hay que vacilarles un poco, para que espabilen”. 

Carolain Spencer habla sin pelos en la lengua tras la barra y en este artículo.

Machismo, patriarcado y desigualdad de trato es, pues, la realidad que rodea a estas profesionales. “La hostelería es muy machista, es un mundo dominado por hombres que primero te valoran como objeto, antes que como profesional”––admite Carolain. Nagore Arregui, head bartender en Urrechu Velázquez y también master mixer de Schweppes nos explica que el machismo lo ha notado más por el lado del cliente que de sus propios compañeros hombres:  Las mujeres hemos entrado  en la barra y romper ese techo de cristal y abrirse camino es más difícil”. Noelia, por su parte, lo ve como algo lógico porque el sistema en sí mismo es machista y patriarcal: “En nuestras manos está ir cambiando estos estereotipos y micromachismos diarios con educación y respeto”. 

Carolain, Nagore y Noelia ejemplo más de cómo suelen ser las representantes femeninas del sector:  fuertes, decididas y que luchan para brillar el doble para ser reconocidas la mitad. Pero la vocación y la pasión va por delante: “Soy uno más; no lo veo en términos de hombre o mujer; soy bartender. Tengo la particularidad de ser mujer, ser fiel a mi esencia, a mi estilo y eso me hace diferente pero ya está” –afirma Nagore. 

A nivel de preparación tampoco ha diferencias significativas en la elaboración de un cóctel; desterremos ya de una vez la tontería de “un cóctel más femenino”, por favor. Nagore es rotunda: “Hay que erradicar ya ese calificativo. La mayoría de los clientes que me piden el cóctel con Schwpeppes Hibiscus son hombres. Los clichés están para dejarlos atrás. No hay paladar masculino ni paladar femenino, morfológicamente son iguales. Puede ser que a la hora de crear las mujeres tengamos una sensibildad “extra”, pero eso no quita que un hombre no lo pueda tener”. Damià Mulà coincide en que no hay diferencias en el paladar pero sí que da una punto extra a las mujeres (por si te hacía falta alguno más): “A nivel general, las mujeres tienen una capacidad estética mucho mayor y sus preparaciones suelen ser más vistosas y mejor acabadas”––afirma. 

Queda la última barrera, la que planea sobre cualquier mujer y entronca con su trayectoria laboral: ser madre. Nagore tiene una hija de cinco años y es donde ve el principal escollo para que hayan más mujeres detrás de la barra: “Ser madre es el handicap mayor por un tema estrictamente biológico: tu cuerpo cambia, tienes que ausentarte cuando llega el momento; la noche y los ritmos son difíciles de sobrellevar embarazada; debes rebajar el nivel; este factor biológico los hombres no lo tienen. Di a luz un jueves y hasta ese domingo trabajé, pero claro, no podía estar hasta las seis de la mañana, tenía que irme a las dos. Un hombre, por mucho que se implique en la paternidad, no va a parir”. Eso sí, una vez con la criatura en casa, Nagore ha seguido el mismo camino tirando de vocación y de lo que tiran el resto de mujeres trabajadoras del planeta: “mucha ayuda”. Noelia tiene una niña de seis años y coincide al cien por cien: “Mis padres cuidan mucho de mi hija, fines de semana y vacaciones. Sin ellos, no sería posible”. Pero aunque parezca que no pasa demasiado tiempo con ella, la realidad es otra: “Creo que paso más horas con mi hija que cualquier aque trabaja fuera y llega tarde a casa a diario. Lo único que me pesa es que a veces me pierdo momentos de fin de semana, pero  me organizo para estar con ella en sus momentos especiales, aunque cuesten horas de sueño”. 

Como ves, las antiguas barmaids (criadas de la barra) han mutado a sublimes mujeres bartender que demuestran, aquí también, que no existen géneros ni diferencias, sólo prejuicios. Así que si te estás planteando dedicarte a ello, no dejes que las apariencias te aparten y sigue el consejo de Raiza Carrera, bartender en Collage Barcelona: “Si eres mujer y quieres ser bartender, hoy tenemos mucha mas visibilidad, muchas mas oportunidades y hay que aprovecharlas, para trabajar en comunidad porque es así como avanzaremos más, trabajando conjuntamente. ” Y añade: “El trabajo de bartender es hermoso, difícil, pero hermoso. Si te gusta y te apasiona, la pregunta sería ¿por que no?”

Pues eso, ¿por qué no?