A los clásicos hay que respetarlos, en eso estamos de acuerdo. Pero respetarlos no significa endiosarlos, hacerlos intocables o inalterables. No, nada de eso. Los clásicos pueden (y casi deben) tener sus variaciones. ¿Qué sería de los cócteles sin el toque personal del que lo prepara? ¿O qué sería de ellos sin los gustos personales de quienes los beben? Beberíamos en cualquier parte el mismo Martini, el mismo Manhattan o el mismo Americano. Vaya aburrimiento, ¿no? Aquí van tres variaciones de uno de los aperitivos por excelencia: el Negroni.

Gambitero

Esta versión del Negroni pertenece al 1862 Dry Bar de Madrid. Es una variante de un Boulevardier que, a su vez, lo es del Negroni. Se prepara mezclando bourbon Buffalo Trace, Campari y una mezcla de Punt e Mes y Miró a partes iguales. A esta base se le añade oloroso Don Zoilo (Williams Humbert) y un poco de Cream East India (Lustau). Todo ello se deja en reposo durante tres semanas en una barrica de Buffalo Trace previamente bañada en vino oloroso de Jerez. Antes de servir, se debe enfriar en vaso mezclador. Se sirve en una copa de cóctel aromatizado con un twist de limón.

El Santo

En este caso, hablamos de una versión de Marc Álvarez, director y fundador de Drink’s Atelier. Apuesta por el mezcal para su variante del Negroni y lo hace así: 25 ml de mezcal Rey Campero Cuish, 25 ml de Martini Gran Lusso infusionado con chile chipotle ahumado y 30 ml de Campari. Se mezclan todos los ingredientes en un vaso mezclador y se sirve en un vaso old fashioned con hielo. Como garnish, un chile chipotle seco.

Santos y Desamparados

En Santos y Desamparados (Madrid) hacen una versión muy interesante del Negroni con ginebra infusionada en cacao, bitter, vino de naranja y picón a partes iguales. Lo refrescan en vaso mezclador y lo sirven con una oblea de comunión.

¿Versionas tú el Negroni de alguna manera? ¡Queremos oírlo!