Este post necesita varias aclaraciones antes de entrar en materia, me temo.

Ahí va la primera. Yo iba a titularlo Cuatro vinos naturales para haters del vino natural, porque hay mucha gente que no tolera este tipo de vinos, que es como decir que no toleras a los chinos o a los negros. Quiero decir que hay chinos malos y chinos buenos, y lo mismo con los negros, los pelirrojos y los cisheteros. En todos sitios cuecen habas y si todos los chinos fueran Fumanchú lo mismo no estábamos aquí.

Siguiendo este hilo argumental podríamos concluir que odiar a los vinos naturales es ser un racista del vino y como llamar racistas a los haters del vino me ha parecido un poco fuerte, aunque, en mi cabeza, preciso, pues eso, que he cambiado el titular. Pero fijemos el concepto: no todos los vinos naturales son iguales, hay calidades, como en los vinos no naturi. Sigamos…

Segunda aclaración: sin ser yo adivino, sospecho que la gente que detesta los naturales solo se ha topado con vinos que arrastran los típicos defectos que comentábamos en este atículo, a saber: aromas reductivos, mucha acidez volátil y/o aromas de Brett. Pero ni todos los vinos naturales tienen todos esos defectos –luego entraremos en si los consideramos defectos o no–, ni estos defectos definen el vino natural, ni estos defectos aparecen siempre con la misma intensidad –la volátil bien colocada es virtud– ni todo el mundo es igual de sensible a ellos.

Tercera aclaración: entro en terreno filosófico y un poco personal. Bueno, muy personal. A mi Santa, que a la sazón es la Directora de esta revista electrónica, le parece que Louis Garrel es un tipo muy guapo. Quizá yo no sea objetivo y los ojitos que le pone mi Dueña al Garrel interfieran en mi juicio, pero a mí me parece normalito, en ocasiones tirando a feo. Además, tiene pelazo y yo soy calvo.

Volviendo al vino, nuestro paladar vínico tiene una educación de un par de siglos. Las virtudes de hoy son posibles gracias a la revolución enológica del siglo XIX. Hasta entonces debía ser muy común encontrar lo que hoy consideramos defectos en el vino. Esas características, hoy en día, son defendidas como signos de autenticidad por mucha gente. Así quede asentado el concepto louisgarrelismo vínico: lo que para unos son defectos, para otras personas son virtudes.

Cuarta aclaración (y última): pero seré normativo. Voy a considerar defectos lo que comúnmente llamamos defectos y virtudes lo que normalmente llamamos virtudes. Es decir, me voy a pasar por el forro el concepto –louisgarrelismo vínico– que me acabo de inventar.

Esta selección de vinos para gente que no tolera los vinos naturales está libre de los defectos mencionados en la aclaración número dos. No porque a mí me parezcan defectos, sino porque quiero agradar al máximo número de winelovers no naturi.

Bueno, pues nada: allá que voy.

Nicolas Joly Clos de La Coulée de Serrant 2014

Blow your mind. BEBER MAGAZINE

Empiezo fuerte. Porque este además de natural se supone que es Biodinámico. Por lo menos se dice que Nicolas Joly, el viñador, impulsó la viticultura biodinámica. El caso es que este vino no solo carece de defectos sino que además es la máxima expresión de la Chenin Blanc, o eso me dijo mi gurú vínico, el ínclito Santi Rivas. Sea como sea, a mí este vino es uno de los que me ha hecho un clic en el cerebro. Flores, mieles, frutas, complejidad, frescor, acidez. Lo tiene todo, todito, todo.

Precio: 91,95 euros.

Hisenda Miret 2018

Psicotrópico. BEBER MAGAZINE

En cualquier momento dejaré de admitir en público que soy un fanboy de los vinos de Parés Baltà. PEro, en cualquier caso, eso no me obnubila. Esta bodega tiene vinos más raros y menos raros. Y este es de los menos raros. Apto para ciswinelovers.

Es una Garnacha del Penedès, con tipicidad, esto es, Mediterránea. No estamos en Gredos. Yo le pegué un trago y me teletransporté a una iglesia ortodoxa de Monastiraki. Resinas, inciensos, frutas maduras y viajes psicotrópicos. Yo no sé qué más queréis.

Precio: 23,50 euros.

Chánselus Castes Brancas 2016

Juega con las blancas y gana. BEBER MAGAZINE

Bueno, pues esto es un ménage à six –o ya con tanta variedad, gangbang de uvas blancas gallegas, a saber: Lado, Treixadura, Loureiro, Albillo, Godello y Verdelho. Me lo recomendó Amanda Leite Fontes, sumiller en La Caníbal, y me lo estoy bebiendo ahora mismo, mientras escribo este texto, así que embriagado como estoy –es broma– voy a ponerme poético.

Tiene una muy moderada acidez volátil que deja paso a manzanas compotadas y notas avainilladas. Poco a poco se revelan hierbas aromáticas y flores. En boca es untuoso y de recorrido largo. En fin: que está muy bueno.

Por cierto, para rematar, en la web de Vinisimus leo que “Bernardo fusiona los principios biodinámicos con los de la agricultura natural del japonés Masanobu Fukuoka, con el claro objetivo de permitir que el suelo hable, que la naturaleza se exprese con transparencia en cada uno de sus vinos”. Bernardo es Bernardo Estévez, el viticultor y/o enólogo del vino en cuestión. Yo, si el suelo me hablase, me haría caca encima. Ándate con ojo, Bernardo.

Precio: 27,50 euros.

L’Anglore Tavel 2018

Meraviglia. BEBER MAGAZINE

Cierro con este vino parcelario y polivarietal de Eric Pfifferling, que además de tener un apellido que parece el relincho de un caballo mientras compacta una viña biodinámica es muy gracioso porque antes de ser vinatero era apicultor. Es otra orgía de uvas, pero tintas. Lleva Garnacha, Cinsault, Cariñena, Clairette y a saber qué más. Es un tinto de Tavel, en el sur del Ródano, o sea que a este lado de los Pirineos es un rosado en toda regla. Vamos, que tiene muy poca extracción.

En cualquier caso, a mí me rechifla. Es delicado, floral y buenísimo. Creo que esta añada está agotada. Yo he esperado varios años para poder hacerme con un par de botellas que ya no existen. Se han transformado. En mí.

Precio: 29,95 euros –quizá cuando lo encuentres ya no cueste eso–