El fandom de la cerveza -iniciados en general, cerveloveristas todos- me odia.  Bueno, me aborrecen, claro está, los que me conocen. O sea, unos cuarenta y tres en toda España, más o menos. Pero hacen ruido los cabrones. Y mira que podríamos convivir porque hay cervezas que convencen a winelovers como yo.

Este asunto empezó en verano de 2017, cuando la gente de El Comidista TV me invitó a participar en su programa en La Sexta para hablar de cerveza en prime time y decidí hacer una actuación plagada de chistazos y giros hilarantes e inesperados que los aficionados a este brebaje no se tomaron del todo bien.

Tampoco me conocían y, por lo tanto, no sabían que, dentro de mi cosmogonía, mi proceder idiota pasa también con el vino. Entretener a la vez que aprendes, como hacían mis referentes y predecesores no alcohólicos: los teleñecos.

Estos haters, a pesar de su escaso número, tienen un abundante odio hacia mí. Por lo tanto, hoy vengo a Beber Magazine -en donde suelo escribir de vino, pero también tienen su espacio las bebidas menores- a comentar cerves respetadas por los winelovers. Sí. Y el criterio va a ser haberlas visto servirse en algún holocausto vínico de meganivel.

Es decir, voy a poner aquí cuatro cervezas, no ya por su calidad -que también-, sino porque en más de una ocasión han sido servidas en celebraciones del culto winelover con regocijo para el personal.

Cervezas que, no solo no nos molestan, sino que nos hacen gracia o, directamente, nos gustan. Flipad.

Son solo cuatro –aunque una es más bien un concepto–, porque he sido incapaz de recordar más. Pero que lo mismo las hay; solo que yo no las he visto o recuerdo.

Hoy a los tiesos de las cañas me los gano. Empiezo:

Schneider Weisse, Tap 5, Meine Hopfenweisse

Muy difícil de pronunciar. CERVECILLAS

La más asequible –2,50 euros en botella de 50cl– y fácil de comprar de la lista es esta cerveza bávara de trigo. Que lo mismo estáis acostumbrados a las de trigo ligeritas. Pero esta, sin perder fresqueo, no es ya que tenga 8,2°. Es que su paso por boca tiene bastante volumen, complejidad y una burbuja finísima.

Hay más Taps, hasta la 11, pero yo solo he visto esta rulando por el wineloverismo. La utilizamos mucho de calentamiento. De antes de ponernos con las bebidas adultas.

3 Fonteinen, Zenne y Frontera

cervezas que convencen a winelovers: como esta 3 fonteinen

Esta es más sencilla de pronunciar. BELGIAN SHOP

Ojo que dejamos la levedad muy atrás para irnos a uno de los fermentados con alcohol de más culto.

Estamos ante una mezcla de lambics, de una de las fábricas de cerveza de más prestigio de Bélgica –quizá solo por detrás del mito Cantillon que en breve comentaremos–, las cuales pasan por un envejecimiento en barricas de Oloroso y Pedro Ximénez -en concreto 12 meses- de una de nuestras mejores casas en Jerez: Bodegas Tradición.

La autoría intelectual de semejante y sofisticada ida de pinza pertenece a Armand Debelder, hijo del fundador de este mito cervecero, junto a Andy De Brouwer, un sumi algo flipado con muchas fotos en Google molando mucho.

La primera vez que se puso a la venta, diciembre de 2016, costó 195 euros en un pack que incluía la cerveza en sí junto a una botella de Oloroso VORS 30 años y al PX de 20 años de la involucrada Bodegas Tradición. Un chollo.

Producciones raquíticas -unas 600 botellas de 75cl.-. Encima están copiando, en un mimetismo inédito con el mundo del vino, el sistema de soleras y no salen todos los años.

De ahí la intensa especulación -las lanzadas en 2017 ya andan por los 500 euros- que hay con este unicornio cervercero.

Yo la bebí en una wineparty en la que un belga, flamenco, la sacó como transición a unos vinos generosos –Madeiras, Portos, Jereces y similares– que se había traído. Gran noche fue esa. Bueno, de lo que recuerdo estuvo bien.

Chimay Azul caducada

Esta sí: Chimay azul. BEER STORE BARCELONA

El ser humano, a partir de un momento en que sabe que va a dormir bajo techo y comer en condiciones, se aburre. Y si se aburre, le da por pensar.

Esos pensamientos pueden desembocar en ideologías tan nocivas como el nazismo o los Funkos. O bien te puede dar por hacer una regla de tres consistente en que, si un buen vino con el tiempo mejora, ¿por qué no una cerveza, una lata de sardinas o Enrique Ponce?

Pues imaginad qué cara de paleto se me puso cuando, en otra reunión vínica de referencias prohibitivas, un señor, también belga por cierto, en vez de traerse un Selosse, Krug o Turó D´en Mota, qué coño, se presenta con esta famosa cerveza trapense en formato descomunal, 3 litros, y caducada hacía lustros.

La teoría es que se hacen más complejas y, desde luego, mejor que su versión no caducada está. Lo cual tampoco es que fuera muy difícil.

Comprarla sin caducar cuesta 2 euros. Luego, ya guardarla 15 años, pues lo que os cueste.

Cantillon Vigneronne

¿La más winelover de las cerves? HOPT

Acabamos este irregular póker con el mito, con la gran cervecera winelover, con la que, según el Master of Wine Pedro Bastelleros, hay un terroir en sí mismo en el ático donde se produce.

El culto que se procesa a esta gente es realmente curioso. Es como si toda la indiferencia que sentimos por las cerves se nos acumulara entrópicamente para quedar liberada en forma de energía alucinada al ver su famoso logotipo del que se venden camisetas con bastante facilidad en la tienda de su sede. Que yo me creía que era un señor bailando alguna danza estrambótica. Y no: está en una silla en acrobática postura.

En cualquier caso, como podéis aventurar por su nombre, estamos ante otra cerve que quiere ser vino. Y es que esta vez es una mezcla de lambics con Moscatel italiana hasta 2019, que han cambiado por Viognier del Languedoc-Roussillon al no poder ser la primera totalmente ecológica.

Se agotan al poco de salir, estando la venta restringida a 3 botellas por persona a unos 25 euros la botella de 75cl. En caso de que se os pase esa oportunidad, dependiendo de la añada, preparaos a soltar un mínimo de 100 euros. Y ahora encima el cambio de uva solo ha hecho que este tema empeore.

Pues hasta aquí las cañas de hoy chavalada. Vamos, si hoy no me he ganado a los cerveceros y demás adolescentes, yo es que ya no sé como acertar con esta gente.