Mi visita a Casa Figari me hizo pensar en algo: Barcelona está plagada de coctelerías, algunas muy buenas, otras no tanto, algunas que están en las top list of the lo que sea, algunas que pasan más desapercibidas… pero, ¿en cuántas se siente uno cómodo, a gusto, como en casa? Qué frase manida esta. Pero es que cuando uno se siente así, se siente así. A mí, que soy de la generación Y -sí, millennial– me cuesta encontrar una coctelería en la que no sienta que me atienden como si fuera parte de la realeza (perdón, se me atraganta muchísimo el servicio exageradamente elegante donde siento exactamente eso, que es un servicio) o una en la que los cócteles llevan más ingredientes que las recetas de Yotam Ottolenghi y más palabrería que un discurso político, o una en la que la media de edad no duplique la mía (perdón generación X), o una en la que no haya que gritar para que mi acompañante me escuche, o una que no esté plagada de turistas (perdón lectores guiris, pero entended que esto es un factor bastante relevante para los habitantes de esta ciudad). Soy un poco tiquismiquis, sí, qué le vamos a hacer.

Pero, aquí llegó Casa Figari para decirme que estoy muy equivocada y que sí existen lugares donde uno puede sentirse cómodo y bien en la ciudad condal. El nombre le hace justicia, pues es en efecto una casa, o al menos se siente como una. Desde hace tan solo un par de meses abrieron sus puertas en el barrio de Gràcia, concretamente en la transitada Torrent de l’Olla. Su luz es tenue y el aspecto es despreocupado y muy cuidado a partes iguales. Los colores combinan bien, suena buena música, al fondo reina un pequeño escenario. Rodrigo y Gonzalo, uruguayos ambos, creadores y anfitriones del lugar, te recibirán con una sonrisa. Quizás también con un beso y un abrazo, como quien recibe a un amigo y se alegra de verlo.

Aquí también se cocina y Gonzalo lo demuestra

El espacio combina, sin ningún tipo de pretensiones, vinos naturales, cervezas artesanales, mucho jazz y coctelería de autor, aunque esto de “coctelería de autor” aquí no me convence del todo. ¿Lo podemos llamar “coctelería de consumidor”? Sí, lo vamos a llamar así porque en Casa Figari se esfuerzan mucho por servirte algo que te guste. Hay una pequeña carta pero admiten que apenas la utilizan porque prefieren preguntar al cliente por sus gustos y hacerle algo “a medida”. Ah, y no pidas mojito porque no te lo servirán. El mojito, dicen, y aquí estaremos casi todos de acuerdo, es el cóctel que piden en el 90% de los casos porque no saben qué pedir, porque su acompañante lo toma o porque no tienen ganas de comerse la cabeza con lo que tomarán esa noche. ¡Mal! ¿Quieres mojito? ¿Por qué? ¿Qué te interesa de él? No te lo pregunto yo, es lo que te preguntarían ellos para dar con el cóctel que en realidad sí te quieres tomar.

Forest Manhattan

Volviendo a su esencia: vinos naturales, cervezas artesanales, coctelería con cariño y jazz. Defienden que detrás de todas estas cosas existe un mismo concepto: son cosas que no están hechas solo por obtener un beneficio económico a cambio sino que tienen alma y personalidad. Todos sus vinos son naturales y, de momento, cuentan con diversas referencias españolas. En el caso de las cervezas, son todas artesanas y evitan a toda costa que tengan grandes cerveceras detrás. Y respecto a los destilados, se limitan a aquellos que provengan de small batches, cuya producción no dependa de grandes grupos como los que tú y yo ya sabemos. Podríamos decir así que Casa Figari es un lugar más que interesante para ir a probar y disfrutar vinos, cervezas y cócteles que no encontrarás fácilmente en otros lugares. Y acompañarlos, si te entra hambre, con alguno de sus sandwiches, uno vegano y otro de pastrami, patatas bravas, embutidos o quesos.

Al rico pastrami

Y a todo esto le sumamos, como ya decíamos antes, mucho jazz. Tanto, tanto, que no suena otra cosa en la sala. Y además, los lunes y los miércoles a partir de las 21:00 hay jam session. Cada mes la abre un músico o grupo de músicos diferente, uno los lunes y otros los miércoles. La mejor manera de estar al tanto de todo esto es a través de las (a veces) maravillosas redes sociales.

Dicho todo esto, no queda otra que ir a conocerlos. Te advierto que es muy probable que te conviertas en un cliente habitual o, como dicen ellos, en un amigo de la casa.