A diferencia de mi anterior texto no vínico en este gran magazine digital, hoy vengo libre de ironía a recomendar buenas sidras que debes conocer.

Debéis creerme, y no buscarme ninguna intención perversa, cuando digo que, después del vino, la sidra es mi bebida favorita. Soy Ciderlover.

Y observo, no sin pena, que dentro del wineloverismo patrio nadie le hace mucho caso. Y las pocas veces que se lo hacen, es para caer en obviedades.

Por eso la siguiente relación es de sidras de diversas nacionalidades, tipos y condición que, aunque no son del todo fáciles de encontrar -ponéroslo difícil no es que sea mi mantra, pero es que si queréis beber con pretensiones hay que mover un poco el buscador de Google-, son medio #tiesosfriendly, ya que estamos ante una bebida que, salvo en casos muy particulares, y dulces, es raro que supere los 20 euros y tienen lo que yo llamo complejidad nivel vino.

De hecho, el siguiente quinteto es mejor que el 80% de los vinos que se hacen en este país.

Y me quedo tan pichi.

Joanes de Zapiain 2019

Buenas sidras que debes conocer, como esta Joanes

Sidra de añada barroca. SANTI RIVAS

Empiezo por el País Vasco con una novedad de –posiblemente- mi marca de sidra natural vasca favorita.

Ya su básica -que no llega a 3 euros- me satisface enormemente. Pero esta top de gama recién salida al mercado aúpa a esta gente a otro nivel.

Solo le veo la pega de que el nombre del producto en la etiqueta no se entiende bien. Pero es que reproduce un texto de 1542 y, aunque no había llegado oficialmente el barroco a nuestras vidas, este escriba se ve que ya lo practicaba. Un visionario.

Es una sidra natural finísima, con añada y todo, proveniente de manzanos destinados a tal fin que, por lo que he visto en unas fotos que me han pasado, deberé visitar en cuanto se tercie.

Es que los manzanos sí dan sombra y se está a gusto debajo de ellos. No las solaneras que te comes visitando viña.

Precio: precio previsto de 8 euros, aún no está a la venta.

Cidre Divona 2017 de Domaine Johanna Cécillon

La diva de las sidras. BEBER MAGAZINE

Nos vamos a la bretaña francesa con una sidra que, a diferencia de la anterior, no deja dudas de lo que es desde su etiqueta.

Las sidras bretonas y normandas, famosas por su brett inside -el brettanomyces es un hongo que, salvo Château Musar, todo el mundo vínico civilizado intenta evitar-, pueden ser difíciles dada la falta de costumbre y persistencia de sus aromas. Pero en este caso, no.

No le añade azufre, no está pasteurizada y el carbónico es el natural de la fermentación en la propia botella. Es decir, va del rollo mínima intervención posible, lo cual no suele ser un buen indicio: me esperaba cierto brutalismo. Pues nanay.

Más elegante no puede ser. Una auténtica maravilla.

Además, la cidermaker Johanna Cecillon se define en su web como viñerona de manzanas.

Johanna: con esa actitud aquí ya tienes un fan.

Precio: 8,60 euros.

Wildling de Revel Cider

Buenas sidras que debes conocer, como esta Wildly

Estos sí son ladrones de manzanas y no los de Heineken. BEBER MAGAZINE

Aunque para actitud la de estos canadienses -para que luego digan-.

Si en el primer caso teníamos una sidra de manzanas provenientes de un bosque primoroso, y en el segundo a una cultwinemaker, tiramos ahora para Canadá -los USA anestesiados, pero también bastante cabrones- a por una sidra estilo pet nat que se marcan estos chavales de Revel Cider trincando manzanas salvajes de calidad y tal, pero que de donde pillen. Vamos, que les sale gratis la materia prima.

Tienen colección permanente, cápsula, imitan cualquier estilo del mundo -tenían una sidra natural estilo asturiano/vasco llamada Estrella- y usan una estética bastante cuidada rollo hipster.

Un poco pagados de sí mismos parecen. Pero esta sidra estaba buenísima. Vamos, que no es solo fachada.

Precio: 21,45 euros.

Floribunda Ginger Cider

Sidra + jengibre: más cool no se puede. BEBER MAGAZINE

La sidra, al igual que las cerves, se pueden poner interesantes si se las mezcla con otras frutas o plantas.

Hay gente que desprecia estas combinaciones desdeñando las cervezas con frambuesas o cerezas pensando que así va de purista el muy cuñado. Pues no: este tipo de brebajes gozan de todo el respeto del culto y, cuando están bien hechas, el nivel alcanzado puede ser estratosférico.

La sidra se maneja bien en estas cuestiones, siendo considerada, cuando va con otras cosas, una categoría en sí misma.

Las hay con membrillo, flor de saúco, o esta super sidra espumosa italiana que va con jengibre.

Deliciosa. Además, el dueño de esto es un señor que tiene pinta de doctor muerte de campo de exterminio. Pero no: es italiano y es majísimo.

¿Quizá porque tenga cargo de conciencia de lo que hizo en su anterior etapa profesional en Dachau? Quién sabe…

Precio: 15 euros, aproximadamente.

Iscider Barrel Aged Barrique 2017 de Brännland

Fría como el hielo. BEBER MAGAZINE

Y terminamos con, yo creo, la categoría estrella de sidra dentro del wineloverismo: las sidras de hielo.

Llamadas así porque se hacen a partir de manzanas congeladas. Las buenas presentan un equilibrio entre acidez y dulzor que te arreglan una tarde.

Por motivos obvios, las top suelen provenir de países fríos -aunque se puedan congelar en cualquier lado mientras tengas un frigorífico con enchufe cerca-. Esta en concreto viene de Suecia, el punto más al norte del mundo en que se hace alcohol con vocación comercial -lo digo porque lo mismo hay un esquimal por ahí destilando su propio orujo-.

Es, de largo, la mejor sidra de hielo que conozco. De hecho, pocas veces he visto tanta distancia entre un producto y el resto de otros productores de jerarquía. Ahora mismo es el Bayern de Múnich de la icecider. Un rodillo.

Además, me he enterado de que va empezar su distribución en España Eclèctic Vins, por lo que aquí lo tenéis fácil, fácil.

Precio: 15,34 euros.