Mas Alta es una de esas bodegas de las que te enamoras sin darte cuenta. Recuerdo la primera vez que probé uno de sus vinos, fue en una feria en Falset en la que solamente había bodegas de Montsant y Priorat, hará cuatro años. El caso es que yo fui allí a currar me tocó madrugar (mucho y lo detesto) y no estaba muy contenta con la idea de catar dado que, por lo general, no soy una gran fan de los vinos de ambas zonas en su perfil más parkeriano; y menos aún lo era en aquella época que bebía cosas mucho más funky, algunas demasiado funky, sería incapaz de beberme ahora una sola copa de muchos de aquellos vinos… ¡Me hago mayor! 

¿Qué cojones ha pasado?

Di una vuelta deteniéndome en varias mesas sin que ninguna despertase mucho mi interés, hasta que topé con la de Manel. Manel Subirà es el director comercial de Mas Alta, un tipo que sabe un montón (o dos) de vino y del que también te enamoras. No hablo de un amor romántico ni cursi, él es ese tipo de persona con la que es imposible no conectar. Una vez estás en sintonía comienzas a probar los vinos y todo parece distinto. Seas del palo que seas acabas encandilado por este proyecto, incluso a mi me cambió la visión sobre el vino y la zona. En aquella época era  muy reacia, como ya he dicho, a vinos con mucha estructura, madera y 15,5 grados de alcohol (hoy también lo soy en ocasiones, pero esto es un melón que no abriremos ahora) pero Manel hablaba con simpatía y los vinos hicieron el resto. En ellos todo esto está muy bien colocadito y fluyen en tu boca como si nada, no te has dado cuenta y ya te has terminado la botella y es entonces cuando comienzas a notar los 15,5 grados de alcohol, pero ya es tarde y sólo puedes abrir otra.

Salí de ahí pensando ¿Qué cojones ha pasado? Tenía la sensación de haberme enamorado del feo de la clase y no es que los vinos sean feos, ni mucho menos, es la forma de explicar esa desazón que se tiene cuando a una le encanta algo que sale completamente de sus esquemas preconcebidos. El ser humano es así de suyo, pasa toda la vida tratando de demostrar que es libre mientras sigue un guión del que no siempre es autor. 

Un primer amor en el Priorat

Bodegas Mas Alta

Viña de La Basseta. ANA SCHLEICHER

Han pasado cuatro años o incluso más y ahora tengo la suerte de trabajar con la bodega, es como en esa película en la que el protagonista acaba reencontrándose con su primer amor y los dos son felices y comen perdices y todo eso. Algo así es Mas Alta para mí, un primer amor en el Priorat y diría que casi el único. ¡Lo sé, soy una moñas, ya me perdonaréis!

Una vez os he puesto en situación con esta disertación sobre el amor y las limitaciones del ser creo que toca hablar de Mas Alta y los vinos tan absolutamente geniales que elaboran. 

La bodega en cuestión fue fundada en 1999 por dos familias belgas, una importa vino desde hace varias generaciones, que decidieron echar raíces en esta preciada sartén que llamamos Priorat. Poco a poco se rehabilitaron y plantaron vides sobre antiguos viñedos abandonados y se recuperaron multitud de viñas viejas hasta llegar a unas 60 hectáreas a día de hoy. Aquellos lectores que, como yo en su día, desconfían de proyectos que superan las 10.000 botellas, sigan leyendo por favor, este artículo va dedicado especialmente a vosotros, sois mi público objetivo, viviréis un flechazo en el primer sorbito de vino. I promise! 

Un terroir espectacular

Mas Alta se llama así porque está ubicada en La Vilella Alta, sino tal vez se llamaría de otra manera, o no, quién sabe, da igual. La Vilella Alta es un pueblecito de Tarragona, en el corazón del Priorat, cuyo origen se remonta al siglo XIII. Fue fundado por los cartujos de Escaladei en 1286. Yo nunca lo había visitado antes pero he decir que merece la pena, es pequeño pero muy pintón. Por el municipio pasa el Riuet d’ Escaladei gracias al cual el paisaje es impresionante, un valle con variedad de suelos donde predomina la pizarra, con algunos parches de roca caliza. La pizarra o licorella como allí la llaman, es la reina de los suelos del Priorat, un terroir espectacular y un arma de doble filo ya que con ella podemos hacer los mejores y los peores vinos. Entiendo queridos lectores que la mayoría de vosotros, como winelovers de pro que sois, sabéis a qué me refiero pero, por si acaso alguno va un poco perdido, aquí va una pequeña explicación. La pizarra es un suelo oscuro y mineral y como tal da lugar a vinos profundos y con volumen, si a eso le sumamos la climatología y las características de las variedades de la zona entenderéis por qué no resulta fácil hacer grandes vinos. Como diría Peter Parker “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” y es que no siempre se cumple el dicho de con buena … bien se …

Viticultura biodinámica, certificada en ecológico desde 2009

Terca como una mula. ANA SCHLEICHER

Volviendo a lo que nos ocupa, los viñedos están dispuestos en vaso entre los 300 y los 550 metros, con diversas orientaciones, y aunque las lluvias son escasas (300mm/año) Vilella tiene la suerte de contar con la garbinada, un viento que viene del mar y refresca las viñas.

Para todos los que estén todavía un poquito tensos os diré que esta gente sabe como tratar el viñedo. Trabajan en viticultura biodinámica, certificada en ecológico desde 2009 (aunque ya cultivaban de esta forma desde sus inicios) y no riegan las viñas mayores de dos años. Después de una década siguiendo la viticultura en terrazas, típica en la zona, decidieron volver a los orígenes y plantar en ladera o coster, e incluso a utilizar la tracción animal para arar la tierra. Esto de poner animalitos no es tan sencillo y actualmente trabajan con mulas unas 30 de las 60 hectáreas. Las mulas son unas fenómenas en esto del arado pero Manel me contó que solo trabajan si van de dos en dos y que si una falla la otra se niega a dar un paso… y luego soy yo la romántica.

En la viña de Mas Alta el rey del mambo es Josep Pujol, él controla que todo vaya bien para tener una uva en perfecto estado sanitario que posteriormente les permitirá hacer semejantes vinazos. Tienen plantadas Garnacha Tinta, Cariñena, Cabernet Sauvignon, Syrah y Merlot como variedades tintas y Garnacha Blanca, Macabeo y Pedro Ximenez como blancas. Seguro que hay alguna más que se me escapa. Multitud de viñas tienen más de cien años de vida. ¡Sabiduría hecha terroir!

Un parque de atracciones líquido

Damià del Castillo es quien dirige el cotarro cuando la uva llega a bodega y es el mayor responsable de que podamos beber unos vinos tan bonitos. Anteriormente trabajó como enólogo en Marco Abella pero ya ha cumplido 4 vendimias dentro de la familia Mas Alta. Si alguna vez tenéis la oportunidad de visitar la bodega descubriréis que es un crack y que las crianzas de los vinos son un verdadero rompecabezas que cambia de un año para otro, combinando barricas de Borgoña nuevas y usadas, foudres y cemento. ¡Es toda una movida! ¡Damià tiene montado un auténtico parque de atracciones líquido!

Ahora solo me queda hablar de los vinos, que son realmente los protagonistas de este artículo. Eso sí, ya aviso que hablo en primera persona, no soy muy amiga de las descripciones típicas y técnicas, para eso ya están las guías y las revistas  de vino con pedigrí

Els Pics Blanc y Els Pics Negre

Estos dos hermanos son la puerta de entrada a la bodega, fáciles y jugosos, dan mucho juego. El tinto es un caramelito compuesto de Garnacha, Cariñena, Merlot y Syrah en distintas proporciones. El blanco, que hasta hace un par de años no se comercializaba, es un soplo de aire fresco con Garnacha Blanca y Macabeo. Ambos son esa clase de vinos que una vez abiertos baja la botella sin que apenas nos enteremos, perfectos para iniciarse en el Priorat. 

Els Pics blanc: 16,90 euros / Els Pics Negre: 14,25 euros.

Artigas Negre y Artigas Blanc

Subimos un peldaño en la escalera y nos topamos con los hermanos Artigas, los vinos que mejor representan La Vilella Alta, o eso dice Manel cada vez que los sacamos a pasear. Son redonditos, elegantes y aunque a priori pueden dar la impresión de tipos serios, son fáciles una vez han cogido confianza con la copa y el comensal. El tinto es Garnacha Tinta con algo de Cariñena y Cabernet Sauvignon de viña muy vieja. El blanco es Garnacha Blanca, Macabeo y PX, el coupage de blancos más tradicional en el Priorat. Y sí, has leído bien, pone PX o Pedro Ximenez para los despistados. La crianza en ambos casos combina roble francés y cemento adaptándose a las necesidades de cada añada 

Artigas Negre: 20,50 euros / Artigas Blanco: 25,50 euros.

La Solana Alta

Llegados a este punto toca hablar de mi blanco favorito y no es que el resto no me gusten sino que este está para ponerle un piso en Paseo de la Castellana o Paseo de la Bonanova, donde más rabia te dé. La Solana Alta es Garnacha Blanca de viñas muy viejitas situadas en un parche de terreno calcáreo que en Mas Alta llaman el iceberg ya que está rodeado de pizarra. Un oasis blanco en medio de tanta profundidad. Entiendo que las comparaciones son odiosas pero este vino en sus mejores añadas es un Meursault en toda regla y reto a cualquiera a comprobarlo a ciegas. 

La Solana Alta: 49,50 euros.

Cirerets

Must para suegros. BEBER MAGAZINE

Si la Solana era mi blanco favorito, Cirerets es el perfecto tinto muy complejo pero accesible. Es un vino al que siempre le queda una larga vida por delante y que sin embargo descorchas la botella y no puedes parar de beber. Para mí es el más seductor de la bodega, encandila a todos con su abanico de aromas y un tanino suave y jugoso. Un must para conquistar suegros y un seguro de que tu cita Tinder no terminará en el postre. El vino es una combinación de Cariñena y Garnacha con proporciones distintas en función de la añada y, como los anteriores, con crianza en bota y cemento. 

Cirerets: 37,90 euros.

La Basseta 

¿Garnacha nebbiolera? BEBER MAGAZINE

O la Garnacha que quería ser Nebbiolo. La Basseta es garnacha tinta de viña viejííííísima, algunas añadas al 100% y otras con una punta de Syrah. Esta viña tan viejííííísima da unas uvas estratosféricas, aunque escasas, que hacen un vino maravilloso con aromas a otoño, trufa y unos ahumados que pueden transportarnos al Piemonte con tan solo oler la copa. En boca es elegante, con un tanino firme que se doma con los años. El vino pasa por barrica, foudre y cemento y no deja indiferente a nadie. La Basseta es la perfecta demostración de que la Garnacha es una fantástica variedad.  

La Basseta: 67,60 euros.

La Creu Alta

Para mí, el vino más serio de la bodega, si es que eso existe, y la máxima expresión del terroir del Priorat. Un 100% Cariñena de viñas muy viejas, pero muy muy viejas, hubo un año que casi se quedan sin uva por culpa del viento y acabaron corriendo detrás de ellas, para que os hagáis una idea de los rendimientos que da la pobre plantita. Una dama o un caballero elegante y profundo, con experiencia y muchas cosas que contar, quien se sabe la variedad estrella de la zona y la más difícil de trabajar por ser delicada y terca al mismo tiempo. Un vino precioso que quiere botella y que es capaz de enamorar a cualquiera incluso en sus añadas más jóvenes. La Creu Alta realiza una crianza de 18 meses en barrica y unos 12 meses en foudre, ese caballo hay que domarlo.

La Creu Alta: 85 euros.

Querido lector, si has llegado hasta aquí te felicito porque ya casi has acabado de leer. A estas alturas de la película (si es que no has leído el artículo cuando se publicó) es posible que la bodega haya sacado algún vino nuevo que te invito a descubrir por ti mismo llegado el momento.

¡Gracias y buen vino!