No creo en los artículos sobre tendencias para el Año Nuevo. Pero me llama poderosamente la atención que, año tras año, muchos medios señalen que las bebidas sin alcohol son tendencia. Hace por lo menos cuatro años que lo anuncian. Pero en realidad es una corriente con más de medio siglo de recorrido.

El agua es la culpable

Agua, hipster y culpable. ETHAN SYKE / UNSPLASH

Históricamente, España es un país de vino que consume poco vino. Y que consume cada vez menos vino. Los productores de vino y sus palmeros, aficionados siempre a buscar algún chivo expiatorio, nos cuentan que tiene la culpa la maldita cerveza y ,¡ay!, los espirituosos.

Es verdad que la cerveza vivió un auge en los ’70 y ’80 del pasado siglo pero su consumo no ha subido de modo significativo en los últimos 25 años. Los espirituosos, por su parte, han bajado. Los datos revelan que no hubo sustitución –gente pasando del vino a la cerveza– sino que el consumo de vino ha caído mucho más rápido de lo que ha subido el de cerveza. ¿Por qué?

La culpa la tiene el agua. Entre 1964 y 2014, el consumo de alcohol en las casas españolas ha bajado un 50%. Mientras tanto, el consumo de bebidas no alcohólicas se disparaba un 724%. Parte de estos abrumadores datos se explican por el crecimiento económico –ya no necesitamos el alcohol por su aporte calórico– y por cambios en el estilo de vida –hay más oferta de ocio fuera del hogar–. Pero lo miremos como lo miremos, no cabe duda: la caída del consumo de alcohol viene de muy lejos.

Siempre es complicado aplicar lecciones de un país a otro –la relación con el alcohol es altamente cultural– pero llama la atención que, en Reino Unido, un tercio de la gente entre 16 y 24 años no beba –era menos del 20% hace una década– y que casi la mitad de la gente entre 18 y 34 años considere que se necesitan más opciones sin alcohol en el mercado.

La salud no es lo que era

Una de las explicaciones de la caída generalizada del consumo es la mayor concienciación de los problemas de salud derivados del alcohol. En efecto, las grandes turbulencias en el mercado de los vinos aromatizados, antiguamente considerados tónicos e higiénicos, coinciden con el auge de las aguas embotelladas, los primeros brotes del running y, en algunos países, el triunfo del Vodka con Soda o Tónica –se consideraba que el Vodka era un destilado skinny–.

Esto serviría tanto para 1979 como para 2019 aunque con una diferencia significativa: en España, por lo menos, ha vuelto el Vermut en plena histeria healthy  –volveremos a esta contradicción en un momento–.

La noche se muere

¿Es el día la nueva noche? JOEY THOMPSON/UNSPLASH

Dejando de lado la crisis generada por el Covid-19 y la pésima gestión de la Administración, nadie sabe explicar qué está pasando con el ocio nocturno –que si la crisis, que si los costes, que si la nueva generación es aburrida–, pero es obvio que la noche deja paso al consumo de día. En España, entre 2014 y 2017, cayó un 5% el número de locales de ocio nocturno. Sin embargo, en 2016 había un 3% más de bares que el año anterior. Crece el consumo diurno sin compensar la caída del consumo nocturno y a todo esto se le suma el poder acelerador de la pandemia y las corrientes generadas por ella –consumo para llevar, etc.–.

Cambios importantes

Todo parece indicar que vienen cambios importantes. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado. Antes de volcarse con supuestas tendencias –como el healthy drinking–  hay que reflexionar sobre un par de cosas. La primera es que el ser humano es contradictorio, no actúa de manera racional y relacionar estadísticas sobre su comportamiento nunca consigue dibujar un retrato 100% exacto. El mejor ejemplo nos viene del vermut que tanta gente bebe después de haber ido a correr: lleva más azúcar que una Coca-Cola, lleva alcohol y hace 40 años la gente dejó de beberlo porque no era sano.

Por otra parte, una persona que no quiere beber alcohol no es necesariamente una que no quiere tomar azúcar, y viceversa.

Por último, si llevamos medio siglo de caída del consumo del alcohol, ¿de verdad los últimos tres años marcam una aceleración en la tendencia?¿Un negocio tan de nicho como la coctelería es sensible a la demanda de una supuesta clientela abstemia? ¿Existe una clientela que va a un bar para cuidarse? Veremos: los bartenders, desde su experiencia con sus clientes, escribirán las respuestas.