En el último concurso de cata a ciegas de VilaViniteca, los organizadores del concurso sacaron un Johan Josef Prüm Sonnenuhr Spätlese 2012, un Riesling de Mosela. Durante la pausa, algunos participantes rumoreaban que podía ser “el riesling de los tíos esos del Pirineo”. Los participantes, geográficamente desorientados, se referían al Batlliu Blanc. Y los tíos esos del Pirineo son Josep Rabassa, Ramón y Aleix Aytés y Guillem Puras.

Una bodega de alta montaña

Suelos de pizarra de Batlliu de Sort

Suelos de pizarra vieja. JORDI LUQUE

Batlliu de Sort es una bodega de alta montaña. No solo porque esté a más de 900 metros de altura, que ya son metros. Es también la situación –la bodega está pegada al Parque Nacional de Aigüestortes, paraíso alpino– y el clima –mucho calor, mucho frío, mucha nieve…– lo que determinan la condición de bodega extrema.

Josep Rabassa lleva el día a día de la bodega. Es un hombre grande y bonachón, tranquilo, simpático. Me recibe junto a cuatro o cinco mastines del Pirineo cortados por el mismo patrón que su dueño. Afortunadamente.

Josep nos guiará, a los mastines y a mí, por los viñedos. Es un día de mediados de agosto y las vides están llenas y verdes. Aquí, mildiu, ha habido poco en este terrible 2020. “Empezamos con esto pensando en cómo podíamos aportar valor a la zona. Aquí todo se ha hecho a base de un turismo muy concreto y queríamos hacer algo distinto”, me cuenta el viñador mientras caminamos entre cepas de Riesling, Pinot Noir y Viognier.

Variedades… ¿autóctonas?

Josep de Batlliu de Sort

Josep señala hacia el sur. JORDI LUQUE

“Esto de elegir las cepas, fue un tema. Hicimos estudios de suelo, de clima y plantamos muchas cosas para ver si funcionaban o no. Al final aquí arriba tenemos estas porque son las que se han adaptado mejor”, explica Josep. Y sigue: “Cuando las plantamos nos echaron en cara que no usáramos variedades autóctonas. ¿Pero qué variedades son autóctonas en un sitio donde las últimas viñas se arrancaron hace 200 años?”, se pregunta.

En Batlliu de Sort tienen un proyecto con el INCAVI. En una pequeña parcela han plantado clones de variedades raras que han ido encontrando por las cercanías. Algunas de ellas, parece ser, son únicas en el mundo.

“Abajo tenemos Garnacha Blanca y Tinta, Macabeu, Tempranillo y Merlot”, explica Josep. Con “abajo” se refiere a Tremp, la capital del otro Pallars. “Ni el clima, ni el suelo… no tiene nada que ver”.

Mínima intervención

viñedo de pinot noir en Batlliu de Sort

Con altura. JORDI LUQUE

Mientras paseamos, Josep me cuenta que él y sus socios apuestan por una agricultura de mínima intervención. “Cuando creces aquí, desde pequeño te inculcan el respeto por la naturaleza. No entendemos otra manera de hacer las cosas”, aclara. Los vinos de Batlliu de Sort no están certificados como ecológicos, pero –según Josep– los sulfitos dan valores bajísimos en las analíticas.

El paseo nos llevará hasta la borda, es un edificio muy bonito, rústico, con un patio propio de un tosco châtelet.

Los vinos de Batlliu de Sort

patio de chatelet

El patio del châtelet. JORDI LUQUE

En el espacio dedicado antiguamente a guardar el pasto para alimentar al ganado, hoy reformado y adecuado como escenario de bacanales gastronómicas, cataremos los vinos. Pero antes pasaremos por la bodega: un establo recuperado en el que se suceden los depósitos de inox. Veo una barrica solitaria. “Solo una parte de la Viognier pasa por madera”, precisa Josep.

Cataremos ahí unos cuantos vinos sin acabar: acideces altas, todavía sin pulir, que prometen grandes momentos. Pero catar, lo que se dice catar, lo haremos en el edificio principal.

La Pantigana y Salvavides son vinos elaborados con uvas cultivadas en Tremp, a menor altura que Sort. El primero es una mezcla de Garnacha Blanca y Macabeu y el segundo, de Tempranillo, Merlot y Garnacha. El tinto, el Salvavides, es un poco especiado, muy redondo y agradable. Y ambos son vinos más cálidos que el resto, cultivados en Sort.

Estos últimos son los que, según mi opinión, definen mejor el perfil de la bodega. Me refiero al Biu Negre, una Pinot Noir afrutada y muy aromática; el Biu Blanc, la Riesling que recuerda a Mosela; Finca les Lleres, una Viognier fresca y estimulante; y, finalmente, la joya de la corona: Nero: una Pinot Noir madura, con una acidez muy equilibrada, frescura y notas terciarias propias de vinos más maduros.

La visita a la bodega es sencilla, muy recomendable, pero si no vas a desplazarte a Sort puedes comprar los vinos de Biu de Sort en su tienda online.