“El mundo de la coctelería es como el del fútbol: muy masculino y muy heterosexual”. Lo dice Adal Márquez, Head Bartender de Boadas, quien asegura haber recorrido un camino complicado siendo gay en un ambiente tan clamorosamente heterosexual. Ahora, a sus 39 años, tras 17 recorriendo barras de medio mundo, desde Nueva Orleans a Ámsterdam e Ibiza, se dedica prácticamente en solitario al activismo en un gremio, el de la coctelería, que no parece avanzar al mismo ritmo que lo hace la sociedad en cuanto a la presencia de personas LGBTIQ+ y bartenders gays.

Este fenómeno se debe, en palabras de Simone Ruta, bartender de Blue Wave: “a la idea del coctelero que habita en nuestro imaginario colectivo: el tipo duro y mujeriego, ligón, con carisma, que en realidad no es más que un estereotipo. Lo curioso es que el sector no es nada machista, y tampoco lo es la clientela: es el imaginario el que lo es”.

Márquez está de acuerdo: “la mayoría de personas que nos dedicamos a esto hemos viajado, vamos a concursos, conocemos a mucha gente y mucho mundo: no hay rastro de homofobia”. O al menos no la hay en una ciudad como Barcelona, “una de las capitales gays del mundo, donde la gente tiene una apertura mental que no existe en ningún otro lugar, salvo, tal vez, Nueva York”, aclara Márquez.

Ni heteros, ni machotes

Sabe de lo que habla, porque desde que abandonó su Tenerife natal hace ya mas de 17 años ha recorrido medio mundo sirviendo copas. “Si yo fuese marica en Madrid, igual no lo diría tan abiertamente”, explica Márquez, consciente de que su condición de Head Bartender de Boadas le permite expresar abiertamente su sexualidad, con un colchón “con el que no cuentan probablemente otros bartenders, los cuales no tienen la suerte que tengo yo: trabajar en uno de los establecimientos de referencia en el mundo, cosa que te da libertad para ser quien te dé la gana”.

A sus 27 años, Ruta asegura que hizo pública su homosexualidad para luchar contra el viejo malentendido de que todo bartender tiene que ser un machote de manual.

La figura del bartender que habita en nuestro imaginario colectivo es un tipo “guapo, bien vestido, una especie de icono, con ese poder de la barba que funciona casi para muchos como el poder del uniforme”, sentencia Márquez. Esa imagen provoca la sexualización de una profesión que, al fin, no debería ser tan diferente a cualquier otra, cosa que ha supuesto verdaderos problemas “tanto para las mujeres como para los clientes y bartenders gays, es decir, para cualquiera que no sea un hombre hetero”, opina Márquez.

Un entorno laboral adecuado ayuda a salir del armario

Adal Márquez dejó de ocultar su homosexualidad cuando llegó a Boadas. “En trabajos anteriores mis jefes no querían que nadie se enterase, pues un barman siempre es un reclamo para muchas clientas, igual que lo son las mujeres para los clientes, y es una pena. No me quedaba otra que mirar para otro lado y disimular. Jerónimo Vaquero fue el primer jefe que me dijo ‘haz lo que te dé la gana’, y me contrató sabiendo que era gay”, un momento que Márquez recuerda como especialmente emotivo, y que probablemente marcó un antes y un después en su carrera y en su vida.

“Con 65 años, y en una coctelería que es un emblema del clasicismo y la elegancia, Jero ha demostrado ser más abierto y moderno que muchos otros”, y ha permitido que Márquez pueda vivir y expresar su sexualidad del mismo modo que lo haría cualquier heterosexual en su entorno laboral.

Ruta coincide. “Tengo la suerte de haber trabajado tanto en Paradiso como en el Palace, donde lo único que se ha valorado de mí es mi capacidad para hacer cócteles”, asegura, lo que ha supuesto un soplo de aire fresco en su vida teniendo en cuenta que procede de un pueblo del sur de Sicilia en el que la homosexualidad todavía está estigmatizada. “Sería impensable pasearme por el pueblo con mi novio y besarle en público”, señala.

Obligados a ocultarse

Mientras que Ruta considera que el hecho de que no existan gays, o al menos no declarados, en el mundo de la coctelería, es, en definitiva, una consecuencia lógica de la imagen asociada al coctelero, Márquez considera que hay mucho bartender en el armario. “Precisamente la coctelería es una profesión muy ligada a la sensibilidad, a la exquisitez, a los detalles, y por tanto profundamente gay y femenina”.

Sin embargo, “aunque la presencia de bartenders gays ha crecido en los últimos años, las barras siguen siendo todavía un lugar de hombres heteros”, algo que se está combatiendo, según Márquez, desde el activismo, primero con la lucha feminista y ahora con la emergencia de bartenders homosexuales decididos a explicar al mundo que uno puede ser sexy, viril, llevar pajarita y hacer unos cócteles de muerte y no ser, sin embargo, un mujeriego de manual.

Una imagen, la del ligón solitario y con un aura de maldito, que por otra parte no beneficia a nadie. “Al final, los hombres heterosexuales tras las barras se ven prácticamente obligados a seguir este patrón, y no es que no tengan sensibilidad para crear, en realidad tienen la misma que nosotros, sino que se sienten obligados a esconderla”, sentencia Márquez.

El bartender, que asegura haber disfrutado una profesión que escogió desde muy joven y por vocación, también reconoce haber vivido con cierta tristeza parte de su carrera en la que “me vi obligado a obviar una parte de mi persona, o a hablar con mujeres que intentan ligar sin poder contar la verdad”.

Algo se está moviendo

Ruta coincide: “El ambiente en las coctelerías es tan hetero que al final acabas pasando por alto tu sexualidad, simplemente no hablas de ello”, explica. De hecho, fue precisamente ese malestar el que le llevó a salir públicamente del armario el 11 de octubre de 2018. “Qué ilusión cuando me lo dijo”, explica Márquez, y bromea: “Con Simone decimos siempre que debemos ser los dos únicos bartenders gays”, algo que curiosamente también se puede aplicar a la gastronomía. “¿Por qué hay tan pocos cocineros gays? ¿Te lo has preguntado alguna vez?”, se pregunta Márquez.

Tanto Márquez como Ruta tienen claro que, tal vez de forma inconsciente, han iniciado un camino, el del activismo gay en su sector, que empieza a despuntar tímidamente, como ocurrió hace unos años con el activismo feminista. “Llevo años en Boadas y con todo lo que se ha escrito sobre coctelería nadie, nunca, me había preguntado por el machismo del sector, que no sufren solo las mujeres, sino también los bartenders gays”, afirma contento de que algo se esté moviendo y decidido a ir a por todas para normalizar la presencia de homosexuales tras las barras.