Anoche se celebró la gala de la 50 Best Bars y ocurrió lo que ya se sabía desde hace meses: Paradiso se coronó como mejor bar del mundo. Es una gran noticia para Giacomo Gianotti y para todo su equipo pero, sobre todo, es una gran noticia para Barcelona.

Que en Barcelona ocurran cosas buenas de vez en cuando es muy ilusionante y ayer casi nos da un pasmo porque ocurrió más de una. El tercer lugar de la lista fue para Sips, por detrás de Tayer + Elementary, y Two Schmucks se situó en séptima posición. Es decir, Barcelona tiene tres bares entre los siete mejores del mundo de acuerdo con 50 Best Bars.

Al terminar la gala, sin saber gestionar tanto optimismo llegado de golpe, criticamos en corrillos el criterio de la lista, sus dinámicas internas, la justicia de tal o cuál posición, el desmesurado pastizal que algunos bares invierten en comunicación para escalar puestos… yo fui el primero en darle a la sin hueso y me disculpo: no estoy acostumbrado a que mi ciudad pueda mirar, cara a cara, a Londres o Nueva York y caí en eso tan español y tan catalán de criticar el triunfo ajeno.

Pero hoy me he despertado diferente. Me he dado cuenta de que el triunfo nunca es ajeno sino colectivo, de que por primera vez desde que se lo leí a Adal Márquez en este mismo medio me creo que Barcelona es la capital mundial del cóctel, así que no voy a criticar a la 50 Best aunque yo sea más de Top Cocktail Bars.

No, yo me alegro y aprenderé a trabajar este sentimiento tan extraño de orgullo barcelonés. Y desearé y confiaré en que la administración de mi ciudad, la alcaldía y los organismos correspondientes dedicados al estímulo turístico y gastronómico, sabrán aprovechar esta oportunidad única, insólita, porque si no lo hicieran serían muy de… Barcelona. Glups, vuelvo a empezar…

Anoche se celebró la gala de 50 Best Bars y Barcelona se convirtió en la capital mundial de la coctelería hasta octubre de 2023. Ahora está en manos de todas y todos aprovechar esta ocasión única para proyectar nuestra ciudad al mundo con Paradiso, Sips y Two Schmucks como mascarón de proa. En el ’92 supimos hacerlo.