La nostalgia es terreno abonado para el mundo del bar. Evocar los (malos) tiempos de la Ley Seca y los moonshiners, de las balaceras por las guerras comerciales, de Al Capone y Eliot Ness es un filón para storytellers. Aunque seguramente un viajero en el tiempo nos diría que nunca se ha bebido mejor que ahora. Bad Company 1920 (mejor apertura de 2021 según FIBAR, la feria más importante de España dedicada a la coctelería) juega la baza de la nostalgia. A este bar subterráneo se accede facilitando una contraseña. Una vez dentro, encuentras un espacio decorado como un escenario de Peaky Blinders, a media luz, y a un equipo  de bartenders (dirigido por Román Vilá, Yeray Monforte y Santi Ortiz) vestidos como el plantel de la misma serie. La carta se presenta como una gacetilla salida de una imprenta de prensa y las copas figuran como artículos históricos, contextualizados en la década de los ’20 del siglo pasado.

Cálida bienvenida. BAD COMPANY 1920

La carta se divide en bebidas especiadas, fuertes, amargas, sin alcohol, cítricas, carbónicas (tragos largos) y afrutadas. Como en una tienda de cachivaches, hay algo para todo el mundo, y las propuestas son atractivas. Tanto que uno se pierde. ¿Qué pedimos?

Monforte explica que las bebidas más vendidas son la Bombilla de Thomas Edison (un sour con base de vodka, aporte dulce de zanahoria y mango y espoleado con un amargo de flor eléctrica), el Mapa Mundi de Julio Verne (un trago cítrico y herbal de ginebra, cordial de lichi y soda de tomillo limonero), la Cámara de Rockefeller (ginebra con te de arándanos, cordial de tortitas e hidromiel), la Pelota de Babe Ruth (un combinado dulce y ácido a base de bourbon, mostaza y miel con notas ahumadas) y el Aceite de Motor de Henry Ford (logrado giro del Dark and Stormy).

Bebe, pelotudo. BAD COMPANY 1920

Son bebidas complejas. Los clientes (dice Yeray Monforte que el 95% de su público es madrileño) necesitan escuchar las entretenidas explicaciones de los camareros pero cuando las comandas llegan a la mesa sus caras  alternan diversión y sorpresa. Los recipientes son ocurrentes, y hacen referencia al artículo anunciado en la carta. En lugar de copas los camareros sirven pelotas de baseball, huevos de Fabergé, hachas, ruletas, trampantojos hábilmente transformados en contenedores de bebidas, en general muy logradas.

Es excelente el Aceite de Motor, que llega en la reproducción de un barril de aceite en llamas. Está muy rico el Tintero de Hemingway (trago afrutado a base de ron de estilo latino, chocolate y plátano). Resulta refrescante el Proyectil de Lancelot (Bourbon y Lagunitas IPA). Y tiene caracter El Hacha de Carrie (mezcla especiada y amarga de mezcal, tequila y un cordial de madera).

Uno de los mejores artículos a la venta. BAD COMPANY 1920

Terminada la experiencia, los clientes salimos por la puerta trasera, que oportunamente desemboca en la sala del Surya, el restaurante adyacente de cocina india. Aquí no ha pasado nada, nadie ha visto nada, circulen a su casa sin llamar la atención, si quieren coman antes una pakora.

Bad Company 1920 es, seguramente, el relato de speakeasy más completo de España. Pero en lugar de beber como en 1920 se bebe como ahora: muy bien.


Bad Company 1920: C. de Miguel Moya, 4. Madrid. Reservas por DM en Instagram. Mapa.