2020 se está convirtiendo en un año que querremos olvidar. Sin embargo, sería optimista pensar que 2021 va a ser mucho mejor. El panorama que tenemos delante no es muy halagüeño: de momento no hay vacuna para la COVID-19, cada día se destruyen más puestos de trabajo y, en todo este escenario, la hostelería está recibiendo por todos lados… y no precisamente ayudas. Vamos a ver qué medidas para ayudar a los bares y la hostelería han barajado las administraciones. 

Ahora mismo la situación varía dependiendo de la Comunidad Autónoma. El pasado domingo 26 de octubre volvimos a un nuevo estado de alarma que recoge restricción horaria, limitación de reuniones y confinamientos territoriales, entre otras decisiones. En Catalunya, quince días antes ya se había decretado el cierre de bares y restaurantes de nuevo. El sector de la restauración, que fue sin duda uno de los más perjudicados por el confinamiento y las medidas de la nueva normalidad, vuelve a ser el primer perjudicado en las medidas de restricción debido al alarmante aumento de casos de infección por Coronavirus. “Es fácil decir ‘debéis cerrar’. Y de acuerdo, lo hacemos, somos conscientes de que hay una grave pandemia ahí fuera. Pero, ¿de verdad no tenéis ningún plan? ¿Qué pasa con los impuestos que voy a tener que seguir pagando? ¿Qué hago con el alquiler?”. Estas preguntas se las hace Diego Cabrera, propietario de varios locales de la capital como Viva Madrid o Salmón Gurú

La queja principal, pues, es la falta de medidas de ayuda. Sin embargo, en los últimos meses hemos oído a diferentes administraciones hablar de “acompañar a los afectados” y de ayudas extraordinarias. ¿Qué hay de cierto? ¿Se han hecho efectivas las medidas?

Vayamos por partes. 

Ayudas directas

Tras el acuerdo de cierre de bares y restaurantes en Catalunya por un periodo inicial de quince días el pasado 14 de este mes, la Generalitat anunció una dotación de 40 millones como medida compensatoria, en ayudas directas. Haciendo números, vendrían a ser unos mil euros por establecimiento.  “Ya veremos si llegan”, nos dice un escéptico Lito Baldovinos, manager del Grupo Confitería de Barcelona, que cuenta con locales como El Maravillas, Paradiso, La Confitería o Dr. Stravinsky entre otros. 

En esa misma rueda de prensa se anunció también una medida polémica que fue muy bien recibida por el gremio de restauradores: mediante Decreto ley 34/2020, de 20 de octubre, se podía solicitar una rebaja del alquiler al propietario del local y, en caso de que las partes no lleguen a un acuerdo por medio de negociación, si se suspende el desarrollo de la actividad, la renta y otras cantidades deberán reducirse en un 50% respecto de las vigentes mientras dure la medida de suspensión.  Un balón de oxígeno a un sector muy castigado en Cataluña que, sin embargo, aún no está del todo claro, ya que los juristas aseguran que se trata de un decreto inconstitucional y carece de base legal, por lo que seguramente será objeto de recurso. 

En Madrid, donde los bares están abiertos pero con restricciones severas, no existe una medida similar, algo de lo que se lamenta Diego Cabrera: “¿De verdad me estás diciendo que no puedes sacar una norma extraordinaria para, por ejemplo, bajar los alquileres por decreto? No tenemos políticos que tengan intención de legislar. Los políticos ahora mismo están preocupados de echarse las culpas unos a otros y con la vista puesta en las siguientes elecciones”. 

Aún así, precisamente el toque de queda decretado este fin de semana, paradójicamente en la Comunidad de Madrid se amplía una hora el horario de la hostelería, ya que ahora podrán admitir clientes hasta las 23h, cuando con el decreto de estado de alarma, los bares y restaurantes estaban obligados a cerrar a esa hora y no podían admitir clientes desde las 22h. También les supone una ampliación en el aforo de las terrazas, que pasa del 60% al 70%.

Ayudar a los bares ampliando terrazas

Y con las terrazas llegamos a otro de los puntos clave de las quejas de la restauración. La terraza se convirtió en un aspecto primordial para sacar a flote una actividad completamente arrasada por la pandemia. Muchos bares solicitaron la ampliación del número de mesas para tratar de minimizar la pérdida de clientela por la restricción de aforo que comenzó en la fase 2 con una capacidad permitida de tan solo un tercio. La competencia para adjudicar o no una ampliación de terraza es del ayuntamiento. 

Ayudas a los bares - terrazas

La ampliación de terrazas ha sido poco “laxa”. Foto: Bruno Martin – Unsplahs

“Fuimos tan ilusos de esperar a abrir cuando comenzó la desescalada a tener la resolución de las terrazas, que nos dijeron que irían rápido. Y nos han llegado en octubre. No puede ser que un ayuntamiento con una crisis tan grande como la del COVID tarde seis meses en responder si te dan o no ampliación de terraza. El ayuntamiento de Córdoba el día 1 de junio las había contestado todas”, cuenta Lito Baldovinos.

El Ayuntamiento de Barcelona, en una reunión con representantes de la hostelería en la que Baldovinos estaba presente aseguró que serían laxos y que los iban a ayudar. La realidad es que pusieron solo a  nueve técnicos a revisar las solicitudes, lo que explica la gran demora de las resoluciones. Y cuando por fin llegaron, la triste realidad con la que se enfrentó el manager del grupo Confitería fue que “después de pagar 400 euros por cada una, solo me concedieron dos de nueve peticiones. Y con una triste mesa. Incluso me denegaron las que estaban en una plaza”. 

En el caso del Ayuntamiento de Madrid, el asunto de las terrazas no es mucho mejor. Diego Cabrera asegura que “se llenaron la boca con que iban a dar ampliaciones a las terrazas y en nuestro caso aún estamos esperando la resolución, ya sea sí o no, de si podemos ampliar la terraza”. 

La importancia del sector servicios

Cosas como esta hacen pensar a los restauradores que el sacrificio que se pide no es igual para toda la ciudadanía. “Si nos hemos de quedar con un trozo menos de plaza para impulsar la economía durante seis meses o un año, hagámoslo. Parece que no quieran entender que somos una ciudad que vive del turismo, no hay un Silicon Valley o una industria puntera en España. El sector servicios es una pata fundamental de la economía del país, y está bien tener voluntad de cambiarla si crees que no es de calidad, pero no se hace ni de la noche a la mañana ni castigando a un sector motor de la economía. La economía de un país se cambia a largo plazo y con inversión por parte de los gobiernos, algo que no están haciendo”, reclama Baldovinos. 

En ese sentido lamenta también Diego Cabrera la excesiva responsabilidad que se le pide a la restauración en un país en que esta es básica: “Somos embajadores de nuestro país y de nuestra ciudad, damos valor añadido. La gente viene a España, a Madrid, a Barcelona, por sus museos y su cultura y su historia, pero también por sus bares y restaurantes”.  

Cócteles para llevar… o no

Cabrera forma parte de un grupo de propietarios de coctelerías que lleva desde el mes de marzo haciendo presión para conseguir modificar la ley que prohíbe servir alcohol a domicilio. Mientras que los restaurantes han podido continuar parte de su actividad mediante el take away, los bares no pueden explotar esa opción: “Ya sabemos que va a ser complicado cambiar la ley, porque está sujeta a la ley de drogodependencia, pero al menos podrían estudiar algún caso de excepcionalidad. Un ciudadano puede ir al súper y comprar una botella de ginebra pero yo no puedo vender a domicilio un cóctel. Sería una forma de tener a la plantilla ocupada, no ociosa como nos está pasando ahora”, reivindica Diego Cabrera. De momento los intentos no han dado frutos: “Hemos escrito cartas y solicitudes y hemos tenido reuniones con el Ayuntamiento para que interceda con la Comunidad en este aspecto. De momento solo tenemos palabras de buenas intenciones; todo es muy burocrático; en siete meses no hemos logrado ni un avance”, afirma Cabrera. No es algo que no se pueda hacer; en ciudades como Nueva York ya se ha cambiado la norma en este sentido. En Barcelona se puede durante el día, pero no de noche, así que coctelerías como Perdita Bar o 14 de la Rosa se han adaptado a ello vendiéndolos anticipadamente. 

Cóctel para llevar

¿Cóctel take away? Va a ser que no… Foto: Daoudi Aissa en Unsplash.

Medidas generales: otros países lo han hecho mejor

Por supuesto, desde el inicio de la pandemia, el gobierno tomó medidas extraordinarias para tratar de paliar el impacto económico y social en general, como el ERTE por Causa de Fuerza Mayor, una medida que permitía a las empresas suspender o reducir las jornadas laborales y a los trabajadores, percibir el subsidio por desempleo durante el estado de alarma. “Los ERTE nos han ayudado, pero no olvidemos que no es un regalo; estaban obligados a hacerlo. E incluso esto ha estado gestionado fatal, porque a día de hoy aún hay mucha gente que no ha cobrado”, dice Lito Baldovinos. Esta medida laboral se equipara a otras de gobiernos de Europa; como la reducción de jornada a cargo del Gobierno de hasta el 70% de Francia o el pago del 80% del salario mensual por parte del Gobierno del Reino Unido a los empleados cuya jornada laboral ha sido suspendida. Sin embargo, en ayudas fiscales, España está muy por detrás de otros países europeos; se han aprobado por real decreto ley aplazamientos de plazo de presentación de liquidaciones y autoliquidaciones de impuestos, pero no se han aprobado descuentos, ni diferimiento de impuestos, sólo diferimiento de deudas, mientras que en países como Francia se ha aplazado el pago de impuestos directos o de contribución social y en Alemania se retrasa el pago de los impuestos de la Renta, el Iva y el corporativo hasta finales de 2020, algo que sin duda va a ayudar a los bares en estos momentos. 

La realidad palpable en el sector es que las ayudas son escasas o nulas, mal gestionadas y que la clase política no ha sabido ni sabe gestionar la crisis. Pasado mañana finalizan los quince días iniciales previstos para el cierre de bares y restaurantes en Catalunya y ya se ha insinuado por parte del Govern de la Generalitat que la cosa va a ir para largo. Según ha dicho el presidente del Gremio de Restauración de Barcelona Roger Pallarols al diario Nació Digital: “después de once días, se comprueba que el cierre no está contribuyendo a reducir la transmisión y sí, en cambio, a dificultar la supervivencia de las empresas”.

Los ánimos, por tanto, están muy bajos. “La frustración es total: ‘No sé si podré abrir,  ‘no sé cuándo podré abrir otra vez’,  ‘si abro no sé cuánto dinero voy a perder’… Esas son las conversaciones habituales en el chat que tenemos entre propietarios de bares”, nos dice Diego Cabrera. En Barcelona, los ánimos no mejoran: “A mí me han llamado colegas propietarios de locales e incluso de grupos llorando. Yo no sé si se deben cerrar o no los bares, pero lo que sí que pido son ayudas”, confiesa Lito Baldovinos. 

Mientras, los bares seguirán solicitando créditos (si se los dan) para pagar el IVA  o a sus empleados y continuarán viviendo pendientes del día a día. “En lo único que me parezco a los políticos es en que ahora lo que hago es improvisar. Al principio tenía varios planes según diferentes escenarios, pero ahora eso ya no sirve de nada”, cuenta Baldovinos, que parece que no ha perdido aún el humor del todo. 

Así que solo quedamos nosotros, los ciudadanos y ciudadanas, para hacer algo al respecto, que no es otra cosa que es ir a los bares, como decíamos en este post…. cuando nos dejen.