Si Ciudadano Kane la protagonizase Juan Carlos López de Lacalle, el hipotético protagonista musitaría “Pisón” en lugar de “Rosebud. Pero el arranque de esta crónica es demasiado fúnebre. La película de Welles arranca con la muerte de Charles Foster Kane pero Juan Carlos López de Lacalle parece estar en plena forma: el día de la visita, justo cuando llegamos, él sale del recinto de Artadi al volante de un 4×4 y en mono de trabajo. Están en vendimia y él tiene que solucionar un montón de asuntos.

La puerta de Quintanilla. BEBER MAGAZINE

De López de Lacalle, Ingeniero Agrónomo y Presidente de Artadi, se dice que revolucionó los vinos de La Rioja para llevarlos a la era contemporánea; eso fue en la década de los ’90 del pasado siglo. Más tarde, la añada 2004 de Viña El Pisón consiguió 100 puntos Parker y entonces se disparó su fama como enólogo y la de sus vinos.

El Pisón ocupa 2,4 hectáreas. Es un pequeño pago conocido por winelovers de todo el mundo. Ahí el concepto de terroir se puede expresar al máximo nivel. Y como el terroir no existe sin intervención humana, este pedazo de tierra es también un miembro de la familia López de Lacalle. Las vides de El Pisón fueron plantadas en 1945 por el padre de Juan Carlos y dan unas 7.000 botellas anuales. La añada de 2020 probablemente sea más escasa. Aquí se trabaja en biodinámico y el mildiu ha dado fuerte, como en todas partes. Rubén Liguete, Técnico de Viña de Artadi, confiesa que el pasado 27 de abril, al ver el estado de las vides de El Pisón, arrancó a llorar.

Rubén Liguete de Artadi

Rubén Liguete. BEBER MAGAZINE

Liguete será el protagonista de nuestra visita. Es un tipo grande, de voz fuerte y manos como cepas. Lo de la enología le viene de casta: es primo de Fernando Martínez de Toda. En otra parcela, la de Quintanilla, donde viven vides octogenarias, Liguete nos explicará que el ambiguo terroir es el resultado de una suma, cuyos componentes son la variedad, el suelo, el clima, el factor humano y las costumbres del sitio. Para interpretarlo, él lo tiene claro: “hay que sentarse con los viejos”.

Artadi ha ido tejiendo fama mundial con retales que son parcelas. En algún momento de la visita sale a colación el ejemplo borgoñón. Para esta bodega no tiene sentido hablar de La Rioja, creo que ni siquiera de Álava. Desde el año 2000, la esencia de Artadi es La Poza, El Carretil, Quintanilla, San Lázaro, Valdeginés y El Pisón. En cada uno de estos diminutos viñedos elaboran vinos singulares, que se expresan particularmente, aunque luego el músculo se mantiene gracias a los vinos de pueblo: Viñas de Gain Blanco y Tinto.

Un pago mítico. BEBER MAGAZINE

El contraste entre la sofisticación de los vinos y la rusticidad de Liguete es divertido. Al volante de un taxi londinense, transformado en vehículo de turismo enológico, nos irá contando anécdotas con tono afable y bonachón. Tiene una sabiduría transparente, impregnada de tierra, de Laguardia y de Bilar, de los dólmenes de la zona, de la sabiduría de los viejos que se sienta a escuchar.

Los parcelarios. BEBER MAGAZINE

La visita terminará en la sala de cata. Es un espacio amplio y luminoso, que transmite ligereza. Desde los amplios ventanales se puede ver Laguardia y la sierra de Cantabria. Artadi es todo familia y territorio y su expresión son vinos de parcela esbeltos, vibrantes, definidos y bellos. Bebimos unos pocos.