¡Clos Terroir se va de marcha!… clamaban las redes sociales y allá que íbamos nosotros el pasado 24 de abril rumbo a Alemania, la tierra de los pretzels y la Oktober Fest, de Angela Merkel y de Franz Beckenbauer. Por cierto, para ser mi primera incursión en viñedo germano no ha estado nada mal, viaje eficiente y entretenido cuanto menos.

Día 1: Viaje y visita a A.J. Adam (Mosel)

Al otro lado del río · MARLA GONZÁLEZ

Después de levantarnos a una hora que debería estar prohibida por ley (como diría mi madre, “las calles todavía no estaban puestas”), llegamos al aeropuerto, ese sitio de esperas a base de café y un bocadillo de mierda que sangran la cartera. Por fin aterrizamos en Frankfurt, de la que solo vimos el aeropuerto, y cuando parecía que todo iba viento en popa, la empresa de alquiler de coches nos hace esperar una horita más que pasamos en un bar italiano que parecía sacado de los Soprano y donde terminamos nuestro periplo de cafés infames.

Nuestra primera parada vinícola fue en casa de Andreas Adam aka A.J. Adam, una de las bodegas más pequeñas que forman parte de la VDP. Para los neófitos en el mundo de los vinos riesling os diré que la VDP o Verband Deutscher Prädikatsweingüter, (que como es un nombre impronunciable todo el mundo se conforma con las siglas), es una agrupación privada que aglutina a los winestars del panorama vínico alemán y que para muchos consumidores es un sello de calidad. Es algo así como la “champions leage” del riesling y a la que Andreas pertenece desde 2020. 

A.J. Adam es una bodega ubicada en Mosel y sus viñedos, como la mayoría de los de la región, especialmente los de Terrassen-Mosel, nos recuerdan al paisaje de Amandi en la Ribeira Sacra:  suelos de pizarra de distintos tipos, pendientes en ocasiones de hasta 90% y el majestuoso río Mosela. Pues allí estábamos nosotros, admirando el paisaje sentados en un banco en lo más alto de Goldtröpfchen (Piesport), uno de los viñedos históricos de la zona, como “jubilaos” (¡pero con estilo!), perdidos en la inmensidad de un horizonte hipnótico. Minutos más tarde y dejando la poesía aparte, ya sentados en la sala de catas de la bodega, probamos la añada de vinos riesling 2021, una añada que todos los elaboradores coinciden en afirmar que ha sido difícil pero satisfactoria. Los vinos estaban de puta madre y no solo eso, Andreas es tan majete que nos invitó a cenar y a seguir bebiendo riesling en su casa. 

Día 2: Visita a Sybille Kuntz y Materne & Schmitt (Mosel)

Pantone delicioso · MARLA GONZÁLEZ

Al día siguiente con algo de resaca y las pilas a medio cargar fuimos a visitar a Sybille Kuntz, un proyecto con personalidad ubicado en el municipio de Niersten, a pocos kilómetros de dónde estábamos. Si buscáramos un rostro para el término “empoderamiento femenino”, bien podría ser la de Sybille, enóloga y co-propietaria de la bodega junto a su marido Markus. Como anécdota os contaré que Markus renunció a su apellido de soltero para casarse con Sybille, así que podéis imaginar que es una mujer con un par de ovarios. Ella empezó en esto del vino por casualidad, o casi, ya que su abuelo era fabricante de barricas en su pueblo y su familia hacía vino desde el s.XVI. En 1984 Sybille hizo su primer vino y con la ayuda de Markus (también enólogo), llevan desde entonces peleando con medio Mosel por implantar una viticultura sostenible con el entorno, lo cual les ha costado más de un disgusto con sus vecinos… y muchas enemistades.

Después de ver el viñedo y la bodega fuimos a comer con la pareja a un italiano bastante chungo, (la gastronomía no es uno de los fuertes germanos, os recomiendo que llevéis en la maleta algún que otro manjar nacional). Tras la velada tomamos rumbo hacia nuestra siguiente parada, la bodega de Rebecca Materne y Janina Schmitt en Terrassenmosel.

Materne & Schmitt y los winelovers · MARLA GONZÁLEZ

Materne & Schmitt es un proyecto pequeño ubicado en Winniegen, un pueblito al norte del Mosel donde los viñedos se distribuyen en terrazas dignas de un escalador profesional. Janina y Rebecca llevan muchos años en la elaboración del vino, han recorrido varios países y bodegas para formarse y en 2012 decidieron montar la suya propia. Al principio la tarea fue casi quijotesca, ya que no se lo pusieron nada fácil en el pueblo: las miraban como la pareja de chicas “raritas” que jugaban a ser enólogas. Sin embargo, gracias al esfuerzo de un trabajo duro y a su respeto a la viña, poco a poco lograron hacerse un hueco en el mapa de Mosel. 

He de decir que la cena en casa de las “Materne” fue la mejor de todas, no solo por el ambiente, (que también), sino porque Rob, el marido de Janina y un italoamericano de pro, nos hizo la mejor bolognesa que me he comido en mi vida y eso no se olvida, sobre todo teniendo en cuenta el nivel gastronómico de la zona.

Día 3: Visita Koehler Ruprecht (Pfalz)

Al día siguiente, tras dar una vuelta por los viñedos de Mittelrhein y comer paletilla Joselito en mitad de la nada, nos plantamos en Kallstadt, el pueblo ubicado en Palatinado (Pfalz) en el que se encuentra Koehler Ruprecht, uno de nuestros proyectos más importantes.

Tras pasar por varios proyectos vinícolas, Dominik Sona comienza su aventura como enólogo de la bodega en 2010, y a lo largo de estos doce años se ha convertido en una de las marcas de vinos riesling más representativas e incluso controvertidas de Pfalz. 

Y vosotros os preguntaréis, ¿controvertidas por qué? Ahora mismito os lo explico. Resulta que la filosofía de la bodega no casa con los “valores tradicionales” de la susodicha asociación de la que antes os hablaba, la VDP. Ahora la siguiente pregunta es ¿por qué? La respuesta es sencilla: Koeheler Ruprecht (desde sus orígenes) entiende el riesling como un vino seco, vertical y mineral, por lo que las elaboraciones azucaradas no tienen cabida, ni siquiera para los Prädikatswein o Vinos con Predicado (Kabinett, Spädlese y Auslese entre otros) que habitualmente se elaboran con azúcar residual. Tanto es así que, en 2014 la bodega abandona la VDP, lo que resulta una marcianada para la mayoría de los elaboradores, dado que facilita mucho las ventas. ¡Así son en Pfalz! Dicho esto remarcaré que uno de mis rieslings favoritos pertenece a esta bodega y es el Koehler Ruprecht Saumagen Auslese Trocken R 2011, cuyo precio en mercado ronda los 90€.

Después de visitar viñedos fuimos a catar y cenamos unas maravillosas pizzas a cargo del “pizzaiolo” Ray, un japonés que es la mano derecha de Dominik desde hace 3 años. ¿Freak verdad? Aquí también lo pasamos genial, además la bodega es muy guay, parece salida de una peli de Harry Potter.

Días 4 y 5: VDP Weinboerse (Mainz)

Descansamos nuestros hígados y mentes en el hotelazo del pueblo y a la mañana siguiente pusimos dirección a Mainz, nuestra última parada, donde se celebraba la VDP Weinboerse, un salón de vinos únicamente dedicado a elaboradores incluidos en la asociación de marras. He de decir que aquí probamos vinazos, muchos vinazos. Tras dos días de feria, unas horas de espera en el aeropuerto de Frankfurt y una comida deleznable, volvimos a Barcelona sanos y salvos. 

Ahora os dejo unas cuantas recomendaciones líquidas por si os apetece pegaros un festival de vino alemán. Eso sí, recomiendo tomar una Omeprazol antes para que la acidez no os arruine el sarao.

Prost!


Rheinhessen: Battenfeld-Spanier Mölshein 2020Battenfeld-Spanier Frauenberg GG 2019.  

Mosel: A.J. Adam Goldtropfen GG  2015, Heymann Löwestein Uhlen Roth Lay GG  2017, J.J.Prüm Sonnenuhr Spätlese 2016 y Zilliken Rasch Auslese 2010.

Grans Fassian Apotheke Auslese Goldene Kapsel  201

Rheingau: Peter Jakob Khün Quarzit  Riesling Trocken 2018

Nahe: Schäfer Frolich Feldeneck GG  2019H. Dönnhoff  Brücke Spätlese Monopol 2016

Pfalz: Koehler Ruprecht Auslese Trocken R 2011, Dr. Bürklin Wolf Böhlig Erste-Lage   2017Okönomeriat Rebolz Kastanienbush GG 2016

Württemberg: Karl Haidle Stettener Lindhälder Erste-Lage 2019